Archivos para enero, 2014

“La moral es un sistema de reglas sostenido sobre dos As: Ayudar o por lo menos no Agredir a sus semejantes. La moral se interesa por el bienestar de los otros y hace pasar a la colectividad por delante del individuo. Sin negar el interés personal, lo contiene para promover una sociedad cooperativa.

La empatía es crucial. Muy temprano, el niño aprende que dar una bofetada o morder a su hermano o a su hermana provoca una reacción de alaridos y una serie de consecuencias negativas. Con la excepción de algunos que se volverán psicópatas … , los niños, en su inmensa mayoría, no sienten ningún placer por ver llorar a sus hermanos y hermanas.

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Nuestro genoma tiene ‘desiertos’ y ‘oasis’ de ADN neandertal. Al cruzarnos con ellos ganamos adaptaciones contra el frío y mayor riesgo de cirrosis, lupus o diabetes

Hace unos 50.000 años, en un lugar desconocido entre Europa y Asia, una humana moderna y un neandertal tuvieron sexo por primera vez. La mujer descendía de un grupo de cazadores llegados desde las sabanas de África y muchos de los suyos habían muerto a causa del frío helador de Europa. Su compañero de cama, corpulento y pelirrojo, era de una estirpe que llevaba decenas de miles de años sobreviviendo en aquel continente gélido en el que aún había mamuts y tigres dientes de sable. Apenas sabemos nada sobre aquel encuentro decisivo, pero sí que aquella pareja no fue la única en probar el sexo entre especies. Pronto nacieron bebés híbridos que, contra todo pronóstico, tuvieron a su vez hijos y nietos y bisnietos y así hasta nuestros días. Durante siglos, los humanos modernos ignoraron que eran mestizos y que su ADN era en parte neandertal. Los viejos huesos fósiles de aquella especie desenterrados por los arqueólogos no permitían desvelar la procreación entre unos y otros. Ahora, las nuevas técnicas para extraer ADN de fósiles de hace decenas de miles de años han permitido descubrir nuestra verdadera identidad mestiza, posiblemente el mayor hallazgo en evolución humana en lo que llevamos de siglo.

Cualquier Homo sapiens de hoy que no venga del África negra tiene genes neandertales que siguen vivos. En algunos casos aquellos genes nos proporcionaron ventajas adaptativas, como, tal vez, una piel más gruesa con la que resistir mejor el frío europeo. En otros, los genes neandertales nos han hecho más débiles, contribuyendo a que suframos diabetes, lupus, enfermedad de Crohn y la cirrosis biliar primaria, entre otras dolencias. También nos legaron variantes relacionadas con el tamaño del disco ocular y, agárrense, la facilidad para dejar de fumar. Así lo indican dos nuevos estudios que hoy publican un recuento de cuánto ADN neandertal llevamos dentro los europeos y los asiáticos y cuál es su función. Los trabajos, publicados en Nature Science, son la consagración de una nueva manera de estudiar la evolución humana que apenas necesita fósiles para desvelar datos claves sobre qué nos hace humanos.

Leer más en: El legado de los neandertales en nuestros genes: piel, pelo y enfermedades | Materia.

“Una única expresión de la vergüenza es propia de los humanos, como ya lo había mencionado Darwin: nosotros nos ruborizamos. No conozco a ningún otro primate que se le enrojezca el rostro instantáneamente. Esto es un misterio evolutivo, que debe dejar perplejos particularmente a aquellos que creen que los humanos únicamente son capaces de explotar a los otros. ¿Si eso fuera cierto, no nos favorecería más no tener ese aflujo incontrolable de sangre sobre las mejillas y el cuello, donde el cambio de color en la piel se ve como un faro? Esta señal no tiene sentido para un manipulador nato. No puedo imaginar ninguna ventaja: indicar a los otros que somos conscientes del impacto que nuestros actos tienen sobre ellos. Esto genera confianza. Preferimos tratar con aquellos que podemos leer las emociones en su cara que a otros que nunca dejan reflejar la menor señal de duda o culpabilidad. El hecho mismo de haber desarrollado, a lo largo de nuestra evolución, una señal honesta para comunicar el malestar que nos provoca una violación de las reglas revela una verdad profunda sobre nuestra especie.

Los enrojecimientos pertenecen al «paquete evolutivo» que nos ha dado la moral.

Autor: Pablo Herreros 21 September 2012

Esta es la segunda parte del artículo «Liderazgo natural (1)», publicado por Pablo Herreros en este mismo blog.

En esta entrada, sigo hablando de los líderes y de algunos de sus elementos más característicos, descubiertos a través de la investigación sobre la conducta animal. Uno de los temas que más interesan a los expertos de liderazgo de todo el mundo es la personalidad que estas personas tienen.

En un experimento, Jennifer Harcourt y colaboradores colocaron pares de peces en peceras para registrar su comportamiento. Al poco tiempo comenzaron a coordinar sus movimientos en busca de alimento. Se demostró que las diferencias de personalidad eran cruciales a la hora de conseguir la coordinación. Los peces valientes emergieron como líderes y los más tímidos como seguidores. Estos roles se retroalimentaban socialmente el uno al otro: el líder proporcionaba seguridad a los tímidos y estos facilitaban el liderazgo efectivo a los valientes. En humanos ocurre algo muy similar, la extraversión correlaciona con la emergencia del liderazgo. Por ejemplo, los experimentos con humanos muestran que los que más hablan tienen muchas posibilidades de serlo. No en el sentido de hablar por hablar, sino de establecer vínculos con otras personas del grupo a través del lenguaje, que es el medio de expresión más usado por nuestra especie. Por otro lado, no conviene confundir liderazgo con dominancia o despotismo, ya que estos últimos caracteres pueden ejercer una fuerza contraria que complique la emergencia del líder. Es cierto que en animales con jerarquías estrictas, los individuos dominantes suelen tomar el papel de líder, como es el caso de los babuinos, los gorilas y los lobos, pero no sucede así con los chimpancés, los humanos o los orangutanes.

Al margen de estas correlaciones, en muchos casos, los individuos dominantes no lideran porque no facilitan el seguimiento. Muy al contrario, estos individuos dominantes operan de manera autónoma, debido a su poder y acceso preferencial a los recursos. Este tipo de individuos rara vez se convierten en verdaderos líderes. Más bien son déspotas autoritarios que tienen poca influencia sobre el día a día del grupo. Debemos tener en cuenta que la fuerza también puede ser una debilidad si el líder se aísla, ya que favorece que el resto del grupo se alíe en su contra. ¿Qué derechos y deberes tienen los líderes? Los líderes de los chimpancés, aunque son los que obtienen la mejor recompensa, también son los que más comparten. De lo contrario, los líderes no obtendrán la cooperación de los miembros de su equipo en el futuro, tan necesario en las batidas de caza, las patrullas por los límites o la defensa ante depredadores. Si tienen un conflicto, también pueden ser los primeros en dar un paso para su resolución, ya que nunca saben cuándo necesitarán a su «oponente».

 

Leer más en:Somos Primates » Liderazgo natural (y 2).

Autor: Pablo Herreros 22 June 2012

En los animales no humanos, cuando los grupos comienzan a ser numerosos y hay que gestionar situaciones de riesgo o cambio, ceder el liderazgo a uno o varios de los miembros es una estrategia muy eficaz. Por ejemplo, en especies en las que los individuos deben actuar y moverse continuamente, debido a las presiones ecológicas y sociales, es muy probable que aparezcan relaciones de líder/seguidores que organicen y coordinen al grupo. Estos patrones también emergen en otras actividades colectivas como son la caza, la defensa contra depredadores y el mantenimiento de la paz en el seno del grupo.

Entre los chimpancés, los líderes son los encargados de la defensa y de las patrullas por los límites del territorio. Reciben grandes sesiones de acicalamiento, pero también son los que más tiempo acicalan a otros; aunque está repartido entre más individuos. Entre otras, una responsabilidad fundamental de todo macho alfa es la de intervenir en la resolución de conflictos que aseguren la estabilidad del grupo. Estos suelen mediar en los conflictos poniendo fin en las peleas o equilibrando las fuerzas entre los contrincantes. El antropólogo Ted Lewellen, identificó en sus estudios sobre política esta misma función del liderazgo en casi la totalidad de las sociedades humanas. Pero en ocasiones, la fuerza del líder se puede convertir en una debilidad, debido al aislamiento al que te someten los otros miembros. Este es el caso de Estados Unidos durante el periodo Bush, el cual se vio aislado en varias ocasiones por gran parte de la comunidad internacional. Y es que algunos líderes parecen invitar al resto a cooperar contra ellos y pueden llegar a ser sustituidos por otros si no son eficaces en estas funciones. Por esta razón, es fundamental la capacidad de establecer alianzas con otros miembros clave del grupo que apoyen tu posición. En la colonia de chimpancés de Arhem, en Holanda, el primatólogo Frans de Waal, describió cómo algunos líderes eran depuestos por otros tras perder todos sus apoyos, al igual que en el caso norteamericano. Afortunadamente, la existencia de otras lealtades en el grupo suponen una oposición muy efectiva en forma de contrapoder que frena los excesos de los individuos dominantes. En varias poblaciones de chimpancés, se tiene constancia de la creación de coaliciones de hembras contra líderes déspotas o muy agresivos. Estas conductas tienen mucha lógica, si pensamos que las hembras están especialmente interesadas en la estabilidad y el equilibrio del grupo.

Según la creencia popular, el líder es siempre el más fuerte. Varios estudios demuestran que no siempre es así. En muchas ocasiones, el liderazgo se consigue de manera indirecta, ya que no se puede exigir ni aspirar directamente a él, según lo constatado en diversas sociedades preindustriales. Es cierto que en algunas especies con jerarquías estrictas, los individuos dominantes suelen tomar el rol de líder. Esto sucede en especies como los babuinos, los gorilas y los lobos. Pero en muchos casos, los individuos dominantes no pueden ser líderes porque no facilitan el seguimiento de otros con su conducta. Muy al contrario, estos suelen mostrarse muy agresivos e intolerantes a la proximidad física debido a su poder. Este tipo de individuos no pueden ser calificados de verdaderos líderes, sino más bien dictadores que normalmente tienen poca influencia sobre el día a día del grupo. –

Leer más en: Somos Primates » Liderazgo natural (1).

Autor: Pablo Herreros 1 April 2011

Una de las cuestiones más interesantes en la evolución es si somos por naturaleza jerárquicos o igualitarios. El director del Departamento de Primatología del Instituto Max Planck, en Leipzig, Christophe Boesch, cree que aunque pensamos que la democracia nació en Atenas en su forma más primitiva y, en su versión más actual, hace doscientos años en América, esta particular manera de entender la organización social surgió hace mucho más tiempo, probablemente en las profundidades de la selva.

Por ejemplo, a pesar de que la jerarquía de los chimpancés es de tipo lineal, en el día a día, la puesta en práctica y las dinámicas sociales del reparto del poder son mucho más complejas. Cuando un líder es expulsado de su puesto normalmente se debe a una alianza entre varios miembros de la que saldrá el nuevo líder, dando inicio a un nuevo proceso de formación de coaliciones. Es decir, el comportamiento despótico de los chimpancés tiene unos límites que vienen impuestos por distintos contrapoderes del grupo.

En otros casos, también es posible que las hembras de primates no humanos neutralicen el poder y el control del macho dominante mediante la unión de sus fuerzas. Esto es  algo que no suele ocurrir en sociedades humanas como la nuestra, en la que las hembras, al tener que emigrar del grupo de sus padres, pierde la posibilidad de crear alianzas con otras hembras emparentadas.

Pero para Boesch, los humanos eran igualitarios miles de generaciones antes de que las sociedades con jerarquías estrictas aparecieran. Su hipótesis es que la igualdad no nace de la mera ausencia de jerarquía, sino que se basa en un tipo especial de la misma, fundamentada sobre tendencias antijerárquicas que los grandes simios poseemos. El mecanismo consiste en que el poder se iguala a través del equilibrio de muchas partes que hacen imposible que ninguno monopolice una cuota de poder excesiva como para provocar la inestabilidad del grupo.

Aunque es cierto que muchos lectores pensarán en alguna de las varias decenas de dictaduras que existen en la actualidad repartidas por todo el planeta, algunos historiadores creen que solo representa la dinámica de los últimos 10.000-12.000 años. Ello lo creen porque antes de esas fechas, de acuerdo a las ideas de varios científicos, los seres humanos éramos igualitarios.

Según el politólogo de la Universidad de Emory, Bruce Knauft, “los humanos vivíamos en sociedades de iguales, con una concentración del poder mínima y sin clases sociales. Todos participaban en las decisiones del grupo y fuera de la familia, no había nadie dominante”. Por tanto, la organización política frecuente en el paleolítico superior era ya de tipo igualitario por entonces.

En el siglo XIX, el antropólogo británico, Lewis Morgan, estudió varias sociedades tradicionales con estructuras igualitarias y encontró varios elementos en común. Los resultados, aunque hay que interpretarlos con todas las cautelas -ya que estas comunidades no se tratan de fósiles vivos del pasado- sí pueden darnos pistas para pensar cómo se repartía el poder hace cientos de miles de años. El caso es que estos grupos locales no tenían líderes autoritarios y los individuos gozaban de una granlibertad individual. Los jefes eran débiles y se limitaban a favorecer los procesos de consenso y de toma de decisiones.

Leer más en: Somos Primates » Jerarquía en la selva.

“Lo que hace triunfar a un sistema de respuesta emocional en comparación con un sistema instintivo,es que el resultado no está escrito en piedra. La palabra «instinto» remite a un programa genético que ordena a los animales, o a los humanos, actuar de una manera precisa dentro de circunstancias precisas. Las emociones, de otra manera, producen cambios internos al mismo tiempo que el individuo evalúa la situación y sopesa sus diferentes opciones. No sabemos claramente si los humanos y los otros primates tienen instintos stricto sensu, pero está fuera de duda que tienen emociones. según el experto alemán Klaus Scherer, las emociones constituyen una «interfaz inteligente que armoniza los flujos entrantes y salientes basada sobre lo que es más importante para el organismo en tal momento particular».

Esta definición puede parecer contradictoria, ya que califica las emociones de inteligentes, pero no olvidemos que el debate está en curso sobre la distinción general entre emoción y conocimiento. Las dos se mezclan. Y su interacción es probablemente muy parecida en los humanos y en los otros primates. Nos imaginamos muchas veces que el cortex prefrontal, que contribuye a regular las emociones, es de una envergadura excepcional en nuestra especie, pero esto es una idea obsoleta. El cortex cerebral humano contiene el 19% de las neuronas del cerebro, exactamente el mismo porcentaje que en los otros mamíferos. Es por esto que hemos presentado nuestro cerebro como la« expansión lineal de un cerebro de primate» Es quizás grande, globalmente, pero las relaciones mutuas entre sus diversos componentes no tienen nada de excepcional. “