Archivos para enero, 2015

“La oxitocina, un péptido muy antiguo (una cadena de aminoácidos), se encuentra en el centro de la complicada red de adaptaciones de los mamíferos pata el cuidado de los demás, anclando de este modo las muy variadas versiones de sociabilidad que hemos visto, en función de la evolución del linaje en cuestión (véase figura 2.1). La oxitocina se halla en todos los vertebrados, pero la evolución del cerebro mamífero adaptó la oxitocina a las nuevas tareas de cuidado de la descendencia y, con el paso del tiempo, también a la tarea de ampliar el círculo de sociabilidad.

podemos afirmar que los mamíferos están motivados para aprender prácticas sociales porque el sistema negativo de recompensas, que regula el dolor, el miedo y la ansiedad, responde a la exclusión y a la desaprobación, y el sistema positivo de recompensas responde a la aprobación y al afecto.

En definitiva, la idea es que el apego —refrendado por el dolor de separación y el placer de l compañía y gestionado por complejos circuitos neuronales y sustancias neuroquímicas— constituye la plataforma neurológica de la moralidad.

 

 

el gen egoísta“El punto importante que debemos destacar es que un gen, escaso en una población considerada en su conjunto, es común dentro de una familia. Yo contengo un número determinado de genes que son escasos en la población total y lo mismo te sucede a ti. Las probabilidades de que ambos contengamos los mismos genes raros es, en realidad, muy pequeña. Pero las probabilidades son altas de que mi hermana contenga un determinado gen raro que yo contengo y las posibilidades son igualmente altas de que tu hermana contenga, en común contigo, un gen raro. Las probabilidades son, en este caso, exactamente de un 50% y es fácil explicar su causa.

no existe nada especial, geneticamente hablando, en cuanto a la relación padre/hijo que diferencie de la relación hermano/hermana. El hecho de que sean los padres los que transmitan los genes a los hijos y que las hermanas no se transmitan genes unas a otras, es irrelevante, ya que ambas hermana reciben réplicas idénticas de los mismos genes de los mismos padres.

Genéticamente, el cuidado paterno y el altruismo de los hermanos y hermanas evolucionan exactamente por la misma razón en ambos casos existen muchas probabilidades de que el gen altruista se encuentre presente en el cuerpo del beneficiario.

además del índice de parentesco, debemos considerar un índice de “certeza”. Aun cuando la relación entre padres e hijos no es más próxima, genéticamente, que la relación entre hermano y hermana, su certeza es mayor. Normalmente es posible estar más seguro de quienes son nuestros hijos que de quienes son nuestros hermanos. Y aún se puede estar más seguro de saber quién es uno mismo.

En muchas especies una madre puede estar más segura de su progenie de lo que puede estarlo su padre. La madre pone el huevo, visible y tangible, o porta a su hijo. Tiene una buena  una buena oportunidad de saber con certeza quiénes son los portadores de sus propios genes. El pobre padre es mucho más vulnerable al engaño. Por lo tanto, es de esperar que los padres se esfuercen menos que las madres en el cuidado de sus hijos.

En realidad, en una sociedad con un alto índice de infidelidad conyugal, los tíos maternos deberían ser más altruistas que los “padres” ya que ellos tienen más base de confianza en su parentesco con las criaturas. Saben que la madre de la criatura es por lo menos su media hermana. El “padre” legal no sabe nada. ” p. 118, 122, 124, 138-140

Nota JCG: Ver  Mosuo, Dos mil años de matrilinealidad

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Un cráneo humano hallado en Israel demuestra que ambas especies vivían a apenas 40 kilómetros y compartieron la misma zona durante milenios

La evolución humana es como una película censurada: alguien parece haber cortado los mejores trozos. En uno de ellos, nuestra especie tiene hijos con otra. Se trataba de losneandertales y, decenas de miles de años después, seguimos sin conocer todos los detalles de lo que pasó.

Ahora, un nuevo fósil hallado en la cueva de Manot, al norte de en Israel, permite rescatar unos cuantos fotogramas perdidos de esa película que cuenta quiénes somos. Se trata de la parte superior de un cráneo y las imágenes que se desprenden de su estudio muestran que ambas especies vivieron como cazadores nómadas muy cerca los unos de los otros posiblemente durante milenios. Aunque el fósil no aporta datos concluyentes, sus descubridores creen que este enclave bien pudo ser el escenario del cruce entre ambas especies e incluso especulan con que aquel individuo era uno de los primeros hijos entre sapiens y neandertales.

“Lo más excitante de este hallazgo es que se trata del primero y único humano moderno datado entre 60.000 y 50.000 años que se encuentra fuera de África”, explica a Materia el antropólogo Israel Hershkovitz, coautor del hallazgo. “Este es justo el tiempo en el que los modelos genéticos y arqueológicos dicen que surgieron los humanos modernos, los primeros antepasados de todas las poblaciones vivas actuales”, resalta. También es el periodo en el que,según los análisis genéticos, los sapiens africanos tuvieron hijos con los neandertales.

Leer más en: https://freedomhouse.org/report/freedom-world/freedom-world-2015#.VMk46GiG_EE

El tercer chimpancé“Con el tiempo, la tradicional forma dicotómica de concebir el mundo se ha dejado de considerar una base sólida para el código ético, a la par que surgía una tendencia encaminada a defender, al menos la palabra, un código ético universal, es decir, a estipular unas normas equitativas para tratar a todos los pueblos. El genocidio entra directamente en conflicto con una moral de tales características.

No obstante, pese a este conflicto ético, los perpetradores de muchos genocidios de los tiempos modernos se han enorgullecido abiertamente de sus logros. Cuando el general Julio Argentino Roca, de Argentina, abrió las pampas a los colonos blancos después de exterminar a los indios auracanos, la nación argentina, regocijada y agradecida, le eligió presidente en 1880. ¿Cómo escamotean el conflicto entre sus acciones y el código ético universal los culpables de los genocidios de nuestros tiempos? Para hacerlo, recurren a tres tipos de justificaciones, que basicamente son variaciones del mismo tema psicológico: “La culpa es de la víctima”.

En primer lugar, la mayoría de los defensores del código ético universal consideran que la defensa propia está justificada. Esta racionalización resulta convenientemente elástica, puesto que siempre es posible provocar a los “otros” para que incurran en algún tipo de comportamiento que justifique un acto de defensa propia.

Declararse en posesión de la “verdadera” religión, raza o ideología política, o alegar que uno representa el progreso y el estadio más desarrollado de la civilización, es otra justificación tradicional de cualquier agresión, incluido el genocidio, contra los que están equivocados o son inferiores.

Existe una jerarquía casi universal del desprecio, según la cual los pueblos con escritura y conocimientos metalúrgicos avanzados (por ejemplo, los colonizadores de África) menosprecian a los pueblos ganaderos (por ejemplo, los tutsis, los hotentotes), que a su vez desprecian a los agricultores (por ejemplo, los hutus), que, por su parte, miran por encima del hombro a los nómadas y a los cazadores- recolectores (por ejemplo, los pigmeos y los bosquimanos).

Por último, nuestros códigos éticos establecen una diferencia entre los animales y los humanos. Por ello, la comparación de las víctimas de un genocidio con los animales es otra de las racionalizaciones del genocidio habitualmente utilizadas en tiempos modernos. Los nazis tenían a los judíos por piojos infrahumanos; los colonos franceses de Argelia denominaban a los musulmanes del país ratons (ratas); los paraguayos “civilizados” llamaban ratas rabiosas a los cazadores-recolectores de la etnia aché; los bóers calificaban a los africanos de bobejaan (mandriles), y los nigerianos educados del norte del país veían a los ibos como sabandijas infrahumanas.”  pág. 404-405

¿Por qué nosotros y otros mamíferos sociables cuidamos de los demás? Esto sí que lo sabemos a ciencia cierta: cada conducta debe, directa o indirectamente, servir al bienestar de los animales involucrados en ella. Si no cumple ese requisito, la conducta se desecha, puesto que implica un coste —en concreto, un coste energético— y, en ocasiones, un riesgo para la vida. Es decir, salvo por los beneficios de compensación para los animales que incurren en los costes de la conducta de “cuidado de los demás”, con el paso del tiempo la cifra de los animales que se preocupan por los demás disminuiría, y crecería, en cambio, la de los que cuidan de sí mismos.

Una serie convincente de evidencias del campo de la neuroendocrinología, que estudia las interacciones entre las hormonas y el cerebro, indica que en los mamíferos (y posiblemente en las aves sociales) la organización neuronal en virtud de la cual los individuos procuran por su bienestar se modificó para generar nuevos valores, a saber, el bienestar de terceros. En las primeras etapas de la evolución de los mamíferos, esos “otros” sólo incluían a la descendencia indefensa. Según las condiciones ecológicas y la aptitud de los implicados, el cuidado continuado destinado al bienestar de la descendencia en algunas especies de mamíferos se ha extendido a otros miembros de la prole, a amigos e incluso a desconocidos a medida que ampliamos el círculo. Esta ampliación de la conducta social del cuidado de los demás maca el inicio de lo que, con el tiempo, se convierte en moralidad.

 

 

Estética existencial

damasioAntonio Damasio (1944) neurólogo y psicólogo residente en EEUU investiga las bases cerebrales de la mente, los sentimientos y emociones.

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