Patricia S. Churchland en El cerebro moral. Capítulo 3. CUIDAR A LOS DEMÁS Y APRECIARLOS

Publicado: 26 febrero, 2015 en Bases biológicas, Citas
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APEGO A LAS PAREJAS

Aunque a veces damos por sentado que se trata de un patrón único que caracteriza a los seres humanos, lo cierto es que el apego a largo plazo a una pareja se halla en un 3% de todos los mamíferos, incluidos los castores, los marmosetas, los macacos tití, los gibones, el ratón de patas blancas, los ratones de campo y el ratón de los pinos. Sin embargo, la mayoría de mamíferos, aunque sean sociales, son promiscuos o estacionales en sus pautas de emparejamiento. Una proporción mucho más elevada de aves (cerca del 90%) sienten una fuerte preferencia por su pareja y mantienen relaciones a largo plazo. Nuestros parientes vivos más cercanos (los chimpancés y los bonobos) no establecen relaciones de pareja a largo plazo, y lo mismo ocurre en la mayoría de roedores y monos.

El apego a largo plazo a una pareja es una forma altamente significativa de sociabilidad: amamos al otro, queremos emparejarnos con él, estar juntos, verle prosperar y cuidarlo. Nos entristecemos durante la separación o cuando nuestra pareja está herida o amenazada. Cuando una pareja fallece, el miembro superviviente se deprime y a veces le cuesta mucho recuperrse de esa tristeza. Sin embargo, el apego a una pareja no implica exclusividad sexual —tal y como revelan estudios genéticos en roedores y humanos—, lo cual podría estar relacionado con la diversidad genética, tal y como sugieren los estudios sobre el topo común (que tiene el evocador nombre científico de Cryptomys hottentotus hottentotus)”

LOS MECANISMOS DEL APEGO A LA PAREJA

Desde hace poco sabemos que la dopamina desempeña una función en el afecto entre las parejas y en la conducta paternal/maternal. Se necesita tener acceso a los receptores de dopamina D2 para formar un vínculo afectivo de pareja, mientras que la activación de los receptores de dopamina D1 bloquean ese mismo vínculo. Después de la formación del vínculo, los receptores de D1 se regulan al alza, impidiendo así la formación de un segundo vínculo. Para que la dopamina funcione en los emparejamientos, sus receptores D2 tienen que estar situados cerca de los receptores de la OXT en las mismas neuronas del sistema de recompensas;

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