Archivos para marzo, 2015

La bebes y la derramas

Publicado en el periódico IMAGEN DE VERACRUZ. 31 de marzo de 2015.

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Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, quedó sobrecogido al ver el estallido de su creación. Poco después de la prueba, en un esfuerzo por poner sus declaraciones al nivel del momento histórico, aseguró que el fogonazo nuclear le trajo a la memoria una frase del Dios Visnú en el Bhágavad-guitá, el libro sagrado del hinduismo: “Ahora, me he convertido en la muerte, destructora de mundos”. Pese a las dimensiones del logro, algunos años después, otros científicos identificaron en la Península de Yucatán, en México, los restos de un cataclismo más digno de una divinidad. Hace 65 millones de años, una roca de más de 10 kilómetros de diámetro, del tamaño de Deimos, la luna de Marte, chocó contra la Tierra y la convirtió en un infierno. La energía atesorada en la velocidad extrema con que aterrizó el asteroide, a 20 kilómetros por segundo, 20 veces más rápido que una bala, se liberó en forma de 100 teratones de TNT, mil millones de veces más que las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Aquel impacto acabó con la era de los dinosaurios.

Esta semana, se ha anunciado el descubrimiento de otro suceso que puede hacer palidecer aquel choque descomunal. Un equipo liderado por Andrew Glikson, de la Universidad Nacional Australiana, cuenta en la revista Tectonophysics que han encontrado los restos de un cráter de 400 kilómetros de diámetro en la cuenca de Warburton, en el centro de Australia. Aquel socavón inmenso habría sido provocado por un pedrusco que se partió en dos poco antes de llegar al suelo. Cada uno de aquellos fragmentos tenía un tamaño similar al que golpeó México.

vía Un asteroide dos veces mayor que el que mató a los dinosaurios | Ciencia | EL PAÍS.

En la especie humana es más difícil llevar a cabo este tipo de estudios, pues no existen grupos claramente cooperadores y otros  no cooperadores. Pese a ello, se está investigando el posible papel que puedan jugar una serie de genes concretos que modulan la síntesis de neuropéptidos (hormonas que se expresan sobre todo en el cerebro) en relación con los comportamientos cooperadores y egoístas.

Así, en una de estas hormonas, la oxitocina, se ha comprobado que hay algunas variaciones de un solo nucleótido dentro del gen que controla la síntesis de su receptor en las células. Estas variaciones nucleotídicas determinan cambios en el nivel de oxitocina, lo que a su vez, puede tener relación con un mayor o menor comportamiento cooperativo. Algunas personas con ciertos nucleótidos en el gen del receptor tienen menor cantidad de oxitocina en las células y pueden presentar comportamientos más altruistas, mientras que otras, con diferentes nucleótidos en dicho gen, presentarían mayor cantidad de oxitocina y por ello, comportamientos más egoístas. Otras variaciones nucleotídicas en genes receptores de neuropéptidos (como la vasopresina o la dopamina), o en la enzima monoaminooxidasa (relacionada con esta última hormona), se han tratado de asociar con comportamientos altruistas o egoístas.

El problema en todos estos estudios es que es muy difícil medir las predisposiciones altruistas y egoístas de forma directa en nuestra especie. Por ello, se utilizan medidas indirectas, como la habilidad de las personas para la orientación espacial (que según algunas investigaciones podría estar correlacionada negativamente con el altruismo), o su destreza en juegos de ordenador de tipo “económico” etc.

Por lo tanto, de momento, lo que sí parece cierto es que en nuestra especie existen de forma natural estas tendencias, aunque no sepamos-y quizás no lo sepamos nunca-, los genes o conjuntos de genes que están implicados. Y además,y quizás esto es lo más importante, hay que considerar que estos comportamientos tan complejos se pueden deber, además de a nuestro bagaje genético, a muchas circunstancias socioculturales, estando unidos ambos factores inextricablemente.

vía Los genes del egoísmo – OpenMind.

en la sociedad red la política es fundamentalmente una política mediática, con especial hincapié en su epítome, la política del escándalo, y relacionando los resultados del análisis con la crisis mundial de legitimidad política que cuestiona el significado de la democracia en muchos lugares del mundo.

cuanta más autonomía proporcionen las tecnologías de la comunicación a los usuarios, más oportunidades habrá de que los nuevos valores e intereses entren en el campo de la comunicación socializada y lleguen a la mente colectiva. Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social, las personas, es decir, nosotros, somos ángeles y demonios al mismo tiempo, y nuestra mayor capacidad para actuar en sociedad proyectará simplemente lo que realmente somos en cada contexto espaciotemporal.

las relaciones de poder ha sido las relaciones fundamentales de la sociedad  lo largo de la historia y en todos los países y culturas. Y si las relaciones de poder se construyen en la mente a través de los procesos de comunicación, como intenta demostrar este libro, estas conexiones ocultas muy bien pudieran ser el código fuente de la condición humana.” Pág. 29-30

genes, pueblos y lenguasUna demostración genética de la difusión démica de la agricultura en Oriente Próximo

Hay que destacar que Europa es la región del mundo mejor conocida en muchos aspectos, incluyendo el genético y el arqueológico. Pero es bastante probable que se hayan producido muchas migraciones, algunas de gran cantidad, en distintas épocas, originadas en lugares distintos antes y después de la que nos interesa.

Cabe destacar que la región que mejor podría representar a los descendientes de los primeros europeos de la época en que llegaron los neolíticos es la de los vascos. Este pueblo habla una lengua muy distinta de la de la mayoría de poblaciones europeas, que pertenecen a la familia llamada indoeuropea.

es bastante probable que los vascos desciendan directamente de los paleolíticos (y de sus sucesores mesolíticos) que vivían en el suroeste de Francia y el norte de España antes de la llegada de los neolíticos. Como todas las demás poblaciones antiguas, después se mezclaron con sus nuevos vecinos, por lo que no se puede hablar de que en Europa suroccidental haya paleolíticos “puros”. Pero gracias a una endogamia relativa, facilitada sin duda por la conservación de su lengua (muy distinta de las lenguas indoeuropeas), pudieron mantener una diferencia genética con respecto a las poblaciones vecinas, que debe reflejar al menos parcialmente su estructura genética original.

 

 

Centro de Estudios Vacceos 'Federico Wattenberg'. Universidad de ValladolidLa historia de la humanidad va intrínsecamente unida a la del resto de los animales, grupo del que formamos parte y con el que siempre hemos mantenido una relación ambivalente.

Si nos remontamos a los orígenes de nuestra especie, cuando nuestros antepasados homínidos no se creían superiores al resto de la naturaleza, solamente podemos inferir las relaciones que nos unían a través de un puñado de restos acumulados a lo largo de cientos de miles de años. Se han encontrado en los yacimientos desechos de caza, a menudo con huellas de descarnado, procedentes de otros animales y de la propia especie cazadora convertida en presa a su vez.

Los homínidos fueron diversificándose y perdiendo por el camino ramificaciones, llegando al Hombre Neanderthal del Paleolítico Medio, pero éste tampoco nos ha dejado mucho más con respecto a la relación intra-especies. Restos de caza de otros animales y algunas muestras de antropofagia.

Con la nueva rama que comienza en el Paleolítico Superior, la nuestra, cambian radicalmente los registros que nos llegan. Aún no podemos saber en toda su plenitud la relación con los animales, pero comenzamos a hallar muestras, no solo de restos de caza sino también de arte y de rituales. Pinturas en las paredes (Lascaux, Altamira, Tito Bustillo…), arte mueble (el bisonte de La Madeleine o la espátula de Tito Bustillo), adornos hechos con dientes y conchas perforados, instrumentos de hueso o asta. Parece que ya no solo nos hablan de la caza, sino también de una relación en la que los espíritus de los hombres y los de los animales se tratan de tú a tú. Los recónditos y difíciles lugares escogidos para algunas representaciones, como la foca de Tito Bustillo, insinúan ya la creencia en la existencia de lo sagrado, lo retirado, lo peligroso para los no iniciados. El altar del oso de la Cueva de Chauvet nos inclina a pensar en un culto a este plantígrado. Este es también el momento en el que el hombre y el perro van a unirse en una simbiosis que a ambos beneficiaba: el perro conservaba el campamento limpio de restos de comida, avisaba de la llegada de extraños y ayudaba en la caza, y el hombre le mantenía caliente y le daba comida.

Un paso más allá, en el Neolítico llega la mayor revolución de la humanidad y con ella el peor desastre para el planeta y sus habitantes. Comienza a sedentarizarse y a dominar la tierra a través de la agricultura, a los animales con la domesticación y a los humanos con la esclavitud y la servidumbre, todo ello unido al menosprecio hacia otras culturas, otras sociedades y hacia la mujer. Solamente entre algunos cazadores-recolectores seguirá el antiguo espíritu de hermandad.

Las religiones “reveladas” apoyan al hombre (masculino) en su pretensión de ser el rey del Universo y creer que todo lo del planeta está hecho para servirle. La tierra hay que rotularla y obligarla a dar frutos, los animales explotarlos, las mujeres están para atenderlos y ser tuteladas, sin voz ni voto. Hemos aprendido a cosificar a los demás y a utilizarlos en nuestro provecho.

A partir de ese momento comienza una ambivalencia en las relaciones con los animales. Algunos van a ser deificados mientras a otros los incluimos en nuestra familia, y la mayoría serán explotados al máximo sin conmiseración, para divertirnos, demostrar nuestro status o dar un capricho al paladar.

vía Relaciones entre animales humanos y no humanos a lo largo de la Historia.

“En relación a este asunto, su reciente análisis de los datos arqueológicos indica que hace unos cincuenta mil años, la violencia fue la causa de un gran número de muertes. Mientras que en algunos lugares no se tienen datos acerca de muertes violentas, en otros sabemos que cerca del 46% de la población murió violentamente.

Estas cuatro hipótesis sobre la evolución de la cooperación humana:

  1. una jerarquía flexible y un temperamento relativamente fácil,
  2. una crianza cooperativa de los hijos que se ampliaba hacia la cooperación con el grupo,
  3. la selección sexual y
  4. la competitividad letal intergrupal,

no son mutuamente excluyentes, y dada la escasez de datos sobre la vida humana social de hace trescientos mil años, será interesante observar la evolución de cada uno de estos aspectos a medida que vayamos recopilando nuevos daatos.

Las condiciones necesarias para la sociabilidad dependen de las emociones homeóstaticas del cerebro y la expansión del propio ámbito homeóstatico de la descendencia, los parientes y afiliados. La sociabilidad también depende de la capacidad que tenga el cerebro para aprender —por imitación, por ensayo y error, por condicionamiento y por instrucción—.”