le bonobo dieux et nousDANZAR BAJO LA LLUVIA

Las hipótesis sobre el origen de la religión son legión. El miedo a la muerte es solo una de ellas

el vino está en el corazón de muchas religiones por su milagrosa aptitud para liberar el espíritu humano.

Las ventajas de las bebidas fermentadas para la salud, y en general la preocupación por nuestra condición física, están muy presentes en las religiones primitivas. Ya que no teníamos una medicina eficaz, todas las personas podían morir de una infección menor. La gente acudió a la religión para encontrar consuelo y orar por las curas. Puede ser que tengan razón, porque la relación epidemiológica entre religiosidad y salud está bien establecida. La religión parece promover el bienestar del cuerpo y del espíritu. Pero  me apresuro a añadir que no hay ningún consenso sobre la manera como lo hace.

Durkheim, el padre francés de la sociología, destacó sobre los ritos colectivos, la música sacra y el canto al unísono, que hacen de la practica religiosa una manera irresistible de conseguir lazos afectivos. Otros han presentado Dios como una “figura de apego” que ofrece seguridad y reconforta en las situaciones de angustia. Además, numerosas religiones añaden estatuas femeninas de dulce cara indulgente. Esas fuentes maternales de consolación —de María en el cristianismo a Demetra en Gracia y a Guan Yin en China— son conocidas por aligerar nuestros grandes dolores, como lo hacen las madres con sus hijos.

Pero las “las historias del origen” de la religión no se acaban aquí. Esta también el desconcierto ante los desastres naturales que escapan a nuestro control. Esta reacción no es exclusivamente humana: demuestran las exageraciones ostentosas de los chimpancés frente a las caídas de agua  o durante los aguaceros. La primera vez que fui testigo, no podía creer lo que veían mis ojos. Los chimpancés del zoo de Arnhem estaban sentados, infelices, con su “cara de lluvia” (una expresión de disgusto, cejas bajadas y labio inferior adelantado), sobre los árboles más altos, haciendo lo imposible para estar secos. Pero cuando la lluvia se intensificó y penetró en los árboles, dos machos adultos se levantaron con el pelo erizado, y empezaron un desfile que llamamos la “fanfarronada bípeda” (que, como es fácil imaginar, les dio un aire humano un poco gánster). A grandes pasos rítmicos y ondulantes, caminaron a descubierto, fuera de su abrigo, se remojaron hasta los huesos. Se sentaron cuando la lluvia se calmó. Habiendo constatado este comportamiento varias veces después, estoy de acuerdo con los que lo califican de “danza de la lluvia”, porque es exactamente la impresión que da.

 

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