Archivos para abril, 2015

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Quizá el problema de fondo aquí sea el conocimiento mismo de la política. La política no trata con un objeto dado de antemano, regido por “leyes” y por tanto previsible, mensurable, predictible. Esto es lo que creyó, fundamentalmente, la tradición occidental hegemónica, desde perspectivas ideológicamente diversas, pero epistemológicamente hermanas, del platonismo al positivismo, pasando por la Ilustración y el marxismo ortodoxo. Por eso vieron a la política como expresión de otras instancias realmente determinantes (la Economía, la Historia, la Naturaleza, la Razón) y no como creación radical de la propia comunidad y de los sujetos.

La política, en ese sentido, se parece más al arte: crea aquello que imagina, por lo que tiene un elemento de radical imprevisibilidad. Aunque, como en el fútbol cada lunes, abunden las explicaciones retrospectivas acerca de las “condiciones” que “explicaban” la “necesidad” de que ocurriera lo que sucedió. Prefiero la sugerente interrogación de Isaiah Berlin: “¿Dónde estaba la Quinta Sinfonía antes de ser creada?”

La política es creación, sí, pero de voluntades colectivas. Por eso no basta con enunciar el valor de la meta deseada, sino que hay que volverlo valioso para los demás, sobre todo en democracia. De ahí que la eficacia dependa no exclusivamente del valor en sí, sino de cómo les suene a aquellos a los que les habla, en cómo se inscriba en el contexto y la tradición particulares en que aparece e intenta cuajar.

La contracara del discurso que deduce la eficacia de la deseabilidad es dar por descontado que lo indeseable no puede ser eficaz. Esto ha llevado a cierta izquierda española a minusvalorar la potencia política de la Transición y de sus partidos clave.

El discurso de la Transición ha creado un imaginario, una cultura política, una subjetividad y un modo de reconocerse para una inmensa mayoría de españoles. Su potencia yace en su capacidad de encarnarse en millones de miradas e interpretaciones del pasado de España y de su presente. Eso es un relato, una narrativa, con su impalpable capacidad de hacerse biografía personal, de anudar viejas fotos familiares con la historia de un país. Un modo de vida de cuatro décadas no se sustenta solo en el carisma, en el miedo, en los medios masivos, en el dinero europeo o en la tutela armada. No estamos ante un poder de arriba abajo que domina una sociedad adormecida, independientemente de la valoración política que nos merezca la etapa histórica.

Si esto no se comprende, no se entiende la envergadura de la lucha que ha lanzado Podemos y las probabilidad y avatares de la misma. Podemos se ha levantado contra un imaginario que no es de cartón-piedra. La actual conmoción del discurso de la Transición no viene a demostrar su eterna falsedad: es un síntoma de su historicidad, de la posibilidad de su fin de ciclo.

vía Saber y desear: sobre la actualidad de Podemos.

FotoDebemos a Darwin la noción de una evolución basada en la lucha y el egoísmo, en la “naturaleza roja en diente y garra” que cristalizó en el perdurable verso de Tennyson; y desde los diabéticos de la isla de Nauru en la Polinesia hasta los gorilas montañosos del oriente africano confirman cada día ese mecanismo evolutivo ciego y cruel como un algoritmo psicópata. Pero hoy sabemos que hay otros caminos basados menos en la competición que en la colaboración, menos en la muerte que en la innovación. Estas estrategias no ganan al peso, pero han protagonizado algunas de las invenciones más raudas y brillantes de la historia de la vida.

Toby Kiers, de la Universidad de Vrije en Holanda, y Stuart West, de la de Oxford en Reino Unido, revisan ahora en Science las evidencias sobre nuevas especies generadas por simbiosis, o a partir de la asociación oportunista de dos especies preexistentes, cada una aportando a la sociedad unos talentos muy convenientes para la coyuntura que les toque en ese momento. La biología ha identificado casos de todo el proceso que lleva a dos especies separadas por miles de millones de años de evolución a formar una especie única con lo mejor de dos mundos.

Hoy sabemos que la evolución usa otros caminos basados menos en la competición y más en la colaboración

“Las asociaciones simbióticas son una importante fuente de innovación evolutiva”, explican los científicos. “Han dirigido diversificaciones rápidas de los organismos, han permitido a los huéspedes emplear nuevas formas de energía, y han modificado radicalmente los ciclos de nutrientes de la Tierra”. La evolución de nuevas especies por simbiosis es un fenómeno relativamente infrecuente, pero tiende a producir invenciones brillantes y veloces, al menos según las parsimoniosas escalas de los geólogos y paleontólogos.

vía La otra evolución de las especies | Ciencia | EL PAÍS.

Jorge Alemán / FOTO: Marta JaraLaclau contribuyó a renovar el pensamiento político alejándose tanto del relativismo posmoderno como de los relatos totalizantes que prometen una sociedad futura armoniosa, sin conflicto. Para Laclau aunque el horizonte de una sociedad sin relaciones de poder es imposible, no debemos renunciar a su transformación. Llamamos hegemonía precisamente a la articulación inestable de relaciones de poder, marcos de sentido compartidos y voluntades colectivas.

Nunca una articulación hegemónica será definitiva, una sociedad nunca cancelará sus diferencias, pero esto no nos impide batallar políticamente por aquellas articulaciones que consideremos mejores, al contrario, es precisamente la condición para que podamos hacerlo. Es en este sentido en el que la hegemonía es constitutiva de la política. No hay política que no suponga una rearticulación del escenario social y político siempre abierto al conflicto, una construcción temporal y sin garantías de otras posibilidades de vida en común.

Ernesto Laclau hizo de la hegemonía el pilar de su edificio teórico, la misma lógica constitutiva de la política. Tú mismo recientemente afirmabas que  no es posible hoy una experiencia política emancipatoria que no pase por el “momento hegemónico”. ¿Por qué ese papel tan relevante de la hegemonía?

Tal como tú afirmas la hegemonía es la lógica constitutiva de la política y no simplemente una herramienta de la misma. Para desentrañar esta afirmación debemos dar algunos rodeos que nos permitan cierta captación del asunto. La hegemonía no es una voluntad de poder, ni un deseo de adueñarse del espacio de la representación política. Es muy llamativo que cada vez que emerge una fuerza política transformadora, con vocación de ruptura y con un horizonte emancipatorio, se le enrostre su “pretensión hegemónica”.

Cuando esto está proferido por los medios corporativos de la derecha se ve claramente la jugada. El poder neoliberal es una dominación que se disimula como consenso, una dominación que se presenta más como una dependencia a una serie de dispositivos que conforman la subjetividad que como una sumisión impuesta. También se presenta como una dependencia inerte a determinados mandatos que ni siquiera son explícitos pero que, sin embargo, sí son eficaces. Es lo que llamamos la “naturalización” del poder neoliberal, disfrazar su ideología bajo la forma del “fin de la ideología”.

vía “Solo puede existir la emancipación si se pasa por la apuesta hegemónica”.

Miguel Benasayag (Buenos Aires, 1953) Miguel Benasayag, escritor, filósofo y psicoanalista francoargentino, se sumó con apenas diecisiete años al Ejército Revolucionario Popular para luchar contra la dictadura argentina. En 1975 fue capturado y sufrió tres años de prisión y torturas, aunque gracias a la doble nacionalidad y a una maniobra diplomática fue liberado en 1978 y expulsado a Francia. En la actualidad participa en diversos movimientos asociativos como No Vox, Malgré tout, Laboratoires Sociaux o Act Up. Su escritura, a menudo realizada a dúo, gira en torno a tres aspectos recurrentes: la crítica del humanismo y la concepción moderna de la conciencia, el psicoanálisis como clínica y terapia de la multiplicidad y el análisis de las nuevas formas de compromiso o politicidad radical existentes.

1. ¿En qué contexto nace el concepto de “situación”?

Miguel Benasayag. El concepto de “situación” aparece en determinado momento, para mí, para mis compañeros y la gente cercana, como una necesidad, no sólo teórica, sino vital. Te explico esto un poco.

En 1978 llegué a Francia, tras mi salida de la cárcel, justo en el comienzo de lo que se llamaría la “posmodernidad”. Era el momento de los “nuevos filósofos”, luego llegaría Fukuyama, el fin de la Historia y las ideologías, etc. Digamos, en breve, que en esos años se evidencia un agotamiento de la posibilidad de un pensamiento en términos de universalidad abstracta, ya sea kantiana, hegeliana o marxista. Es decir, no funciona más la idea de que tu situación y realidad concreta -y lo que se debes o puedes hacer desde ahí- se puede explicar o deducir desde un universal exterior a ella. Hay toda una cosmosivión que se agota, no tanto por falsa, como por lo mismo que se agotan las civilizaciones o las culturas, son ciclos. Y de ahí el triunfo de la dispersión.

2. ¿A qué te refieres con dispersión?

Miguel Benasayag. La dispersión, el individualismo, la posmodernidad, un mundo donde ya no hay más verdad ni mentira, todo se reduce a placer, displacer, interés, lo inmediato, lo que funciona… Una tendencia perfectamente homogénea con la economía neoliberal.

3. Entiendo, sigue.

Miguel Benasayag. Entonces, entre el universal abstracto ya irreconstruible y la dispersión total se nos aparece la necesidad de pensar una unidad múltiple, convergente, que permita un nivel de inteligibilidad y comprensión, de exigencia ética y política, que no mire con el espejo retrovisor al pasado ni se haga cómplice tampoco de la dispersión y, en definitiva, del individualismo neoliberal. Y es en ese sentido que trabajamos el concepto de situación, entre varios compañeros e intelectuales, buscando una unidad que permita reterritorializar la vida, el pensamiento y la acción, investigando una nueva racionalidad que permita diferenciar, como dice el tango argentino, “entre ser derecho y ser traidor”, es decir, donde haya principio de asimetría.

4. ¿Podrías ponerme un ejemplo para entenderlo mejor?

Miguel Benasayag. Te pongo uno de mucha actualidad ahora aquí en Francia. El pensamiento situacional es lo que me permite decir, a mí que no soy musulmán o islámico ni nada parecido: “aquí y ahora, en Francia, el ataque a las chicas musulmanas que llevan velo es una injusticia, porque ese velo significa una búsqueda de sentido y dignidad frente a la desestructuración neoliberal, a un colonialismo mal resuelto, etc”. Es decir, situacionalmente, dentro de una unidad, un espacio y un tiempo determinados, un territorio, hay una asimetría entre un fascista del Frente Nacional o un humanista laico-radical que atacan a las chicas con velo y quien dice por el contrario: “espera un poco, aquí hay una búsqueda de dignidad, hay que ver, escuchar, dialogar”. Sin embargo, en otra situación, en Arabia Saudí o Qatar, el velo significa por el contrario el horror total de la opresión de la mujer y habría que ayudar a cualquier chica que tenga el coraje de quitárselo.

El pensamiento situacional permite encontrar dinámicas universales que, aquí y allá, se manifiestan de modos radicalmente distintos, incluso opuestos. Es decir, universales concretos. Mientras que el universal abstracto es una perspectiva “desde ninguna parte y para todas”, el universal concreto es aquello que existe aquí y ahora, aunque se reproduzca (es un universal) de modo distinto en cada aquí y ahora.

La lucha

vía Miguel Benasayag: “Resistir no es sólo oponerse, sino crear, situación por situación, otras relaciones sociales”.

Genocidio armenioHan pasado cien años desde las masacres de armenios en Turquía durante las que fueron asesinadas más de un millón de personas. Sin embargo, Ankara todavía sigue rechazando que se aplique la palabra “genocidio” y utiliza todos los medios de presión a su alcance para evitar que se le asocie con un concepto que, como explica Richard Dicker, experto jurídico de Human Rights Watch, “es una alegación tóxica, profundamente vergonzosa para un Estado”.

Aunque reconoce las matanzas, asegura que se produjeron dentro del marco de la I Guerra Mundial. Y muchas veces lo consigue: el pasado miércoles, la Comisión de Exteriores del Congreso evitó emplear la palabra durante un homenaje a las “víctimas armenias”. De hecho, 14 de los 28 países de la UE no han hablado de genocidio, España entre ellos, un concepto que aplican la inmensa mayoría de los historiadores cuando se refieren a este caso. Qué es y qué no es genocidio es una cuestión que siempre ha tenido una enorme carga jurídica, pero también emocional, y que ha vuelto a la actualidad no sólo con el centenario del genocidio armenio, sino también con el auto en el que el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, procesó a 11 militares marroquíes por genocidio en el Sáhara Occidental.

 

“Hay razones legales y no legales que explican por qué siempre ha habido un debate tan encendido a la hora de definir algunos episodios de violencia masiva como genocidio”, explica Diane Orentlicher, profesora de Derecho Internacional en la American University, experta en justicia internacional que ha asesorado tanto a la ONU como al Departamento de Estado. “Legalmente, la convención sobre genocidio de 1948 define el crimen de manera muy estricta: sólo algunos actos constituyen violencia genocida y, más importante, tienen que haber sido cometidos con una intención muy específica –’el intento de destruir, totalmente o en parte, un grupo nacional, étnico o racial, en su totalidad’–, lo que es muchas veces difícil de probar. Entre las razones no legales, está que el crimen se ha convertido en un estigma muy poderoso”, prosigue.

vía ¿Qué es genocidio? La dificultad para probar el crimen sin nombre | Internacional | EL PAÍS.

Estado y poder en la era global

una nación es una comunidad que normalmente tiende a crear un estado propio”. Así pues, las naciones (comunidades culturales) producen estados y lo hacen reivindicando el monopolio de la violencia dentro de un territorio dado.

En resumen: si las relaciones de poder existen en estructuras sociales concretas que se constituyen a partir de formaciones espaciotemporales, y estas formaciones espaciotemporales ya no se sitúan primordialmente a nivel nacional sino que son locales y globales al mismo tiempo, los límites de la sociedad cambian, lo mismo que el marco de referencia de las relaciones de poder que trascienden lo nacional. Esto no quiere decir que el estado-nación desaparezca. Significa que los límites nacionales de las relaciones de poder son tan solo una de las dimensiones en las que operan el poder y el contrapoder. En última instancia esto afecta al propio estado-nación. Aunque no desaparezca como forma específica de organización social, cambia de papel, de estructura y funciones, evolucionando gradualmente hacia una nueva forma de estado: el estado red que analizo a continuación.

en lugar de buscar límites territoriales, tenemos que identificar las redes de poder socioespaciales (locales, nacionales y globales) que, en su intersección, configuran las sociedades.

” Pág. 41, 43