Archivos para octubre, 2015

Cuando José Saramago subió a recoger su Premio Nobel de Literatura en 1998habló de su abuelo, analfabeto pero sabio. Y, en su voluntad de hacer del mundo un lugar mejor, habló también de la necesidad de establecer unos deberes éticos al ser humano. Unos deberes y obligaciones que ahora han tomado forma en unacarta redactada por un grupo de trabajo de la Universidad Autónoma de México.

Estos son los principales puntos que se recogen en un primer borrador del documento – elaborado por intelectuales y académicos de distintas disciplinas – que inciden en la responsabilidad social e individual que lleva aparejada la defensa de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

  • Obligación de erradicar el hambre y no desperdiciar alimentos en ninguna parte del mundo.

“Que haya hambre en el mundo es una situación que la humanidad debe erradicar para siempre, como se erradicaron muchas enfermedades, sobre todo porque la producción de alimentos actual es suficiente para eliminar todo rastro de hambre en el mundo”.

  • Obligación de erradicar el analfabetismo e impartir educación de calidad.

“La falta de educación así como los malos programas educativos son la base de los conflictos sociales y la causa de desigualdad, pobreza, mala salud y problemas ambientales”.

  •  Compartir conocimiento técnico y pericia para ayudar a la salud integral.

” (…) Los medicamentos deben estar al alcance de la población, de forma gratuita o con un precio justo. El precio de los medicamentos no debe quedar sujeto a las leyes del mercado, y las instituciones gubernamentales tienen la obligación de vigilar que tengan el precio adecuado.”

  •  Conducirse con veracidad y respeto al momento de ejercer la libertad de expresión.

“Expresar con libertad las ideas propias no exime a nadie del respeto que debe a otros, ni implica que, por la expresión de una idea personal, otros se sientan ofendidos”.

  • Uso eficiente de la energía y medidas tendentes al ahorro energético.

“(…) Hacer uso racional de las energías con el fin de asegurar la convivencia armónica y el desarrollo de la sociedad“.

 

Origen: Esta es la propuesta de deberes humanos, inspirada en Saramago, que todos deberíamos cumplir | Verne EL PAÍS

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A finales del siglo IV d. C., el río Danubio era el paso de Calais de Roma. Lo que solemos denominar las invasiones bárbaras, la llegada de hordas (quizá muchedumbres) al Imperio Romano, podrían calificarse también como unos movimientos masivos de inmigrantes económicos o refugiados políticos del norte de Europa. Y las autoridades romanas tenían tan poca idea de afrontar aquella crisis como las nuestras, además de que, por supuesto, eran menos compasivas. En una famosa ocasión, que incomodó incluso a algunos observadores romanos, vendieron carne de perro para alimentar a los que habían logrado cruzar el río en busca de asilo (entonces, como ahora, el perro no estaba destinado al consumo humano). No fue más que uno más de una serie de pulsos, concesiones y conflictos militares que acabaron por destruir el poder central de Roma en la parte occidental de su imperio. La situación se agravó por la calculada estrategia de los romanos orientales, que, en la práctica, eran entonces ya un Estado separado: su solución a la crisis migratoria consistió en dirigir a los inmigrantes hacia el oeste y traspasar el problema a otros.Es tentador pensar en los antiguos romanos como una versión de nosotros mismos. Pusieron en marcha desastrosas expediciones militares a las mismas zonas del mundo en las que hemos fracasado tantos siglos después. Irak fue una tumba para los romanos como lo ha sido para nosotros. Y una de sus peores derrotas, en el año 53, a manos de un imperio rival en el este, se produjo cerca de la frontera actual entre Siria y Turquía. Con un giro especialmente macabro, que recuerda a las bravuconadas sádicas del Estado Islámico: el enemigo cortó la cabeza del comandante romano y la utilizó como parte del atrezzo en una representación de Las Bacantes de Eurípides, en la que la cabeza del rey Penteo, decapitado por su madre, tiene un papel siniestro y destacado.

Origen: La antigua Roma aún importa | Cultura | EL PAÍS

“Cuando el sistema de recompensas responde a las experiencias de dolor y satisfacción, se adquieren habilidades sociales y se establecen hábitos. Los hábitos constituyen una poderosa limitación, y representan soluciones que funcionaron lo suficientemente bien en el pasado como para instaurarse en el sistema de recompensas, aprovechando así el proceso de satisfacción de limitaciones. Los hábitos reflejan el aprendizaje social sobre lo que al grupo considera correcto o incorrecto. Los hábitos también reflejan un aprendizaje sobre el mundo físico. Al seleccionar un sendero por una pista de esquí o las palabras con las que debo responder a la pregunta de un estudiante, mis experiencias recientes y las valoraciones no conscientes de las circunstancias son límites poderosos y cruciales sobre la elección de la conducta.

Mi objetivo no es burlarme de los intentos bien intencionados de formular normas óptimas para nuestras complejas sociedad. De hecho, mi objetivo es explicar, aunque sea de forma esquemática, el modo en que los seres humanos son capaces de valorar que una ley es mala, buena, o justa, y hacerlo sin apelar a una ley aún más profunda —algo que en realidad se hace con cierta regularidad—. Tal como hemos comentado anteriormente, la evaluación se asienta en las emociones y las pasiones que son endémicas en la naturaleza humana, así como en los hábitos sociales adquiridos durante la infancia. Los procesos evaluativos sacan el mayor provecho posible de la memoria y de la capacidad para resolver problemas. La razón no crea valores, sino que se configura en torno a ellos y los lleva hacia nuevas direcciones.

Predecir cómo los demás reaccionarán es una acción prudente porque la reputación de ser amable, justo y trabajador, en contraposición a ser avaro, tramposo y vago, por ejemplo, tiene un gran impacto en la prosperidad de una persona. Acostumbrarse a ser sensible a las necesidades y los sentimientos de los demás, un hábito que tratamos de inculcar a los niños, también es una práctica moral sabia.

Así pues, la respuesta fundamental a por que los filósofos morales no han aceptado simplemente la Regla de Oro como norma incondicional de aplicación universal que sirva para guiar nuestras acciones es bastante sencilla: porque no es una norma incondicional de aplicación universal.”

Describir a Hitler como un antisemita o un racista antieslavo es subestimar el potencial de las ideas nazis: no eran prejuicios extremistas por casualidad, sino más bien emanaciones de una cosmovisión coherente que contenía el potencial para cambiar el mundo. Su refundición de la política y la ciencia le permitía plantear los problemas políticos como si fuesen científicos y los científicos, como políticos. De ese modo se situaba en el centro del círculo e interpretaba todos los datos en función de su proyecto de un mundo perfecto de derramamiento de sangre racial que sólo se veía corrompido por la influencia humanizadora de los judíos. Mediante la presentación de los judíos como un defecto ecológico responsable de la discordia en el planeta, Hitler canalizó las tensiones inevitables de la globalización. La única ecología sensata consistía en eliminar a un enemigo político; la única política sensata consistía en purificar la Tierra.Si Hitler no hubiese iniciado la guerra mundial que lo empujó a su propio suicidio, habría vivido para ver el día en el que el problema de Europa no fuese la escasez de alimentos, sino los excedentes. La ciencia ha proporcionado alimentos con tanta rapidez y en tanta abundancia que las ideas hitlerianas sobre la lucha perdieron buena parte de su resonancia.En 1989, unos cien años después del nacimiento de Hitler, los precios mundiales de los alimentos eran la mitad que en 1939 —cuando él inició la II Guerra Mundial—, a pesar del enorme incremento de la población mundial y, por lo tanto, de la demanda.

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