Archivos de la categoría ‘Liderazgo’

FotoUn agente autónomo tiene muchas ventajas, pero cuando la tarea es demasiado pesada no hay más remedio que cooperar. Sin embargo, la cooperación entre agentes autónomos plantea dos problemas graves. ¿Cómo ponerlos de acuerdo para que todos tiren hacia el mismo lado? ¿Y cómo ajustar su comportamiento en respuesta a los retos del entorno? Una solución es copiar a las hormigas, que lo resuelven mediante un delicado equilibrio entre la anarquía y el adocenamiento.

El físico de sistemas complejos Ofer Feinerman y sus colegas del Instituto Weizmann de Rehovot, Israel, han sometido a la hormiga Paratrechina longicornis –una especie invasiva tan eficaz que ha colonizado los bosques y ciudades de todo el planeta— a toda clase de perrerías experimentales, como tener que transportar enormes piezas de comida o cambiarles la posición del nido al que tienen que regresar con ellas. Y han ido puliendo así sus modelos matemáticos para explicar el comportamiento colectivo de esos insectos. Presentan sus resultados en Nature Communications.

“La optimización del transporte surge de unas reglas de decisión que equilibran la individualidad y la docilidad”, dicen los autores

“A la escala de la hormiga individual”, escriben Feinerman y sus colegas, “la optimización del transporte surge de unas reglas de decisión que equilibran la individualidad y la docilidad”. Ser dócil es imprescindible para que todas las hormigas empujen en la misma dirección: basta que cada una copie a su vecina. Pero son unos pocos individuos particularmente bien informados los que pueden corregir la trayectoria de la turbamulta si ésta se dirige a un lugar erróneo. Lo que no es tan raro.

La individualidad, la docilidad y el sutil equilibrio se codifican en cada insecto –quien tiene un cerebro es la hormiga, no el hormiguero—, pero de la interacción entre esos agentes autónomos resultan propiedades nuevas. Este es el distintivo de un sistema emergente: un todo que es más que la suma de sus partes. El conjunto de hormigas se comporta de un modo bien conocido por los físicos: como un sistema cercano a una transición de fase.

vía Cómo organizar a las masas: las lecciones de las hormigas | Ciencia | EL PAÍS.

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Íñigo Errejón

Secretario Político de Podemos

La constitución de los ayuntamientos este sábado 13 de junio ha supuesto un nuevo hito en el ciclo de cambio político en el que está inmerso nuestro país. Seguramente el tercer hito del ciclo. A menudo las fechas sirven para fijar y mirar con perspectiva procesos más complejos y nunca lineales. Así podríamos decir que este ciclo nació un 15 de mayo de 2011, con una movilización social transversal que, aunque no fue capaz de transformar los equilibrios de poder al interior del Estado en favor de los sectores subalternos, sí introdujo modificaciones decisivas en el sentido común de época -en gran medida, las razones de los sectores empobrecidos por la gestión regresiva y oligárquica de la crisis-, que pusieron a las élites culturalmente a la defensiva y abrieron posibilidades inéditas de cambio político. El siguiente hito fue la irrupción política y electoral de Podemos en las elecciones Europeas del 25 de mayo de 2014. Una irrupción que no tenía nada de necesaria ni estaba implícita en el momento, que fue modesta y que sin embargo abrió una dinámica inesperada en la política española. La Asamblea de Vistalegre en Otoño de 2014 y la Marcha del Cambio del 31 de Enero de 2015 fueron momentos decisivos y reveladores, en condiciones no sencillas, de construcción política de otra voluntad popular posible, y con la firme decisión de cruzar la ventana de oportunidad histórica abierta.

Desde el 25 de mayo de 2014 hemos vivido un año largo e intenso, caracterizado por cuatro elementos de recorrido desigual. En primer lugar, una ofensiva oligárquica que da por amortizado el acuerdo social y político de 1978, que ha ido modificando de facto los contenidos del pacto constitucional en un sentido más regresivo y elitista. En términos más directos: los derechos conquistados por las generaciones anteriores ya no se encuentran en absoluto garantizados para las siguientes. Esto mina las bases de la confianza política, quiebra la idea lineal de progreso y genera tensiones en el bloque histórico, produciéndose una fuerte desafección en particular de los sectores medios, fundamentalmente asalariados, que ven amenazadas las perspectivas de ascenso social para sí mismos o para sus hijos y afrontan una aguda crisis de expectativas. Estos sectores venían jugando un rol central en la construcción de consenso en torno al orden de 1978 y sus élites. Para que nadie se llame a engaños, es importante señalar cómo parte de la reacción popular ante esta ofensiva tiene un carácter “conservador”, en el sentido de volver a un marco de convivencia que genere garantías y certidumbres también para la gente trabajadora. Es la imposibilidad de las élites para procurárselo y para renovar alguna meta colectiva que cohesione la comunidad política la que abre el escenario de impugnación de los sectores dirigentes, comenzando por el PSOE, que sufre más que nadie la quiebra del vínculo moral entre representantes y representados y la sensación de estafa entre los sectores subalternos.

vía Dominio público » El 13 de junio como tercer hito del proceso de cambio. De las posiciones ganadas a la ofensiva.

Jorge Alemán / FOTO: Marta JaraLaclau contribuyó a renovar el pensamiento político alejándose tanto del relativismo posmoderno como de los relatos totalizantes que prometen una sociedad futura armoniosa, sin conflicto. Para Laclau aunque el horizonte de una sociedad sin relaciones de poder es imposible, no debemos renunciar a su transformación. Llamamos hegemonía precisamente a la articulación inestable de relaciones de poder, marcos de sentido compartidos y voluntades colectivas.

Nunca una articulación hegemónica será definitiva, una sociedad nunca cancelará sus diferencias, pero esto no nos impide batallar políticamente por aquellas articulaciones que consideremos mejores, al contrario, es precisamente la condición para que podamos hacerlo. Es en este sentido en el que la hegemonía es constitutiva de la política. No hay política que no suponga una rearticulación del escenario social y político siempre abierto al conflicto, una construcción temporal y sin garantías de otras posibilidades de vida en común.

Ernesto Laclau hizo de la hegemonía el pilar de su edificio teórico, la misma lógica constitutiva de la política. Tú mismo recientemente afirmabas que  no es posible hoy una experiencia política emancipatoria que no pase por el “momento hegemónico”. ¿Por qué ese papel tan relevante de la hegemonía?

Tal como tú afirmas la hegemonía es la lógica constitutiva de la política y no simplemente una herramienta de la misma. Para desentrañar esta afirmación debemos dar algunos rodeos que nos permitan cierta captación del asunto. La hegemonía no es una voluntad de poder, ni un deseo de adueñarse del espacio de la representación política. Es muy llamativo que cada vez que emerge una fuerza política transformadora, con vocación de ruptura y con un horizonte emancipatorio, se le enrostre su “pretensión hegemónica”.

Cuando esto está proferido por los medios corporativos de la derecha se ve claramente la jugada. El poder neoliberal es una dominación que se disimula como consenso, una dominación que se presenta más como una dependencia a una serie de dispositivos que conforman la subjetividad que como una sumisión impuesta. También se presenta como una dependencia inerte a determinados mandatos que ni siquiera son explícitos pero que, sin embargo, sí son eficaces. Es lo que llamamos la “naturalización” del poder neoliberal, disfrazar su ideología bajo la forma del “fin de la ideología”.

vía “Solo puede existir la emancipación si se pasa por la apuesta hegemónica”.

Dicen que un cirujano es un asesino sublimado, alguien con la inclinación necesaria para tomar un instrumento afilado y acuchillar al prójimo. Nada reprochable, desde luego, si la acción tiene como propósito extirpar un tumor maligno. De igual forma, un periodista es un chismoso sublimado, alguien para quien todo secreto supone un desafío. Primero para descubrirlo, después para divulgarlo. En el alma del periodista anida el impulso soberbio y embriagador que supone saber algo que los demás ignoran y, acto seguido, disfrutar mostrando al mundo lo que sólo él sabe.

Con los políticos el tema es un poco más complejo. Es una vocación que entraña un impulso hacia el servicio público, el deseo de ser objeto de la admiración y del agradecimiento unánime, el anhelo de trascender. Por lo menos esa es la motivación que aparece en los perfiles autobiográficos. Pero a medida que los he conocido advierto que en la mayoría de ellos el verdadero motor simple y sencillamente es el apetito por el poder. Peor aún, ni siquiera cualquier tipo de poder sino aquél que incluye una fuerte dosis de transgresión.

El poder y la posibilidad de transgredir están íntimamente vinculados. Es fascinante saber que los destinos de otros dependen de la propia voluntad, pero es mucho más adictiva la sensación de estar por encima de las restricciones que afectan al resto de los mortales. No es sólo el acceso a determinados privilegios; después de todo, el dinero de los millonarios también permite gozar de muchos de esos privilegios, e incluso de otros.

vía Oficio de tinieblas | Internacional | EL PAÍS.

La CE dice que la decisión sobre desembolsos a Grecia corresponde al EurogrupoEs evidente que el nuevo gobierno griego no consiguió lo que pretendía, pero también es evidente que ha conseguido mejores condiciones para poder hacer una política siquiera menos injusta. Eso le puede parecer una tontería insignificante a nuestros insaciables amos y a sus políticos pero significa comida, vivienda, cobertura sanitaria y enseñanza para muchas personas.  Así de simple.

¿Por qué no siguen ese camino los gobiernos portugués y español a pesar de los padecimientos de buena parte de sus gobernados y, por el contrario, torpedean la negociación a los griegos? Creo que por varias razones, la primera más simple y real es que esos gobernantes son los representantes directos en sus respectivos estados de la troika y los intereses especulativos. Es decir, fueron elegidos por sus connacionales pero trabajan para sus enemigos. Son exactamente lo contrario de buenos ciudadanos o, si lo prefieren, son traidores.

Hay más explicaciones. La segunda y también más simple y real es que estos gobernantes se están forrando literalmente. Gobiernan para sus empresas y luego volverán a ellas, hasta los registradores de la propiedad se forran con este Gobierno. Se están lucrando con la miseria de sus conciudadanos, a eso se le llama ser vampiros.

Sin embargo no se llamarían a sí mismos traidores y vampiros, porque no sienten el sufrimiento de las personas que padecen esa discriminación económica y social. Realmente no se consideran conciudadanos de la mayoría de los habitantes de su país. ¿Cómo entender eso? Se trata del clasismo. El clasismo no es un término económico, sino antropológico. Los clasistas creen realmente que son personalmente superiores. Igual que hay quien niega apresuradamente que este sea un Gobierno de franquistas haciendo política franquista (el mejor truco del franquismo fue el que le atribuyen al diablo, hacer creer que no existe) también habrá quien se niegue a creer que existan personas así. Esas personas deben leer lo que escribió y publicó el presidente que los gobierna acerca de la desigualdad entre las personas y comprenderán hasta qué punto el clasismo es una forma de racismo y creencias eugenésicas. Y viceversa.

vía Y si Grecia tiene razón, ¿qué hay que hacer?.

En este documental se habla sobre la gran mentira que lleva viviendo el ser humano sumido en una profunda ignorancia desde hace muchísimos años, descubrirás quién maneja y controla el mundo, la gran estafa piramidal del sistema bancario y cómo funciona el Universo, entre otras cosas.