Posts etiquetados ‘Chimpancé común’

El tercer chimpancé“Con el tiempo, la tradicional forma dicotómica de concebir el mundo se ha dejado de considerar una base sólida para el código ético, a la par que surgía una tendencia encaminada a defender, al menos la palabra, un código ético universal, es decir, a estipular unas normas equitativas para tratar a todos los pueblos. El genocidio entra directamente en conflicto con una moral de tales características.

No obstante, pese a este conflicto ético, los perpetradores de muchos genocidios de los tiempos modernos se han enorgullecido abiertamente de sus logros. Cuando el general Julio Argentino Roca, de Argentina, abrió las pampas a los colonos blancos después de exterminar a los indios auracanos, la nación argentina, regocijada y agradecida, le eligió presidente en 1880. ¿Cómo escamotean el conflicto entre sus acciones y el código ético universal los culpables de los genocidios de nuestros tiempos? Para hacerlo, recurren a tres tipos de justificaciones, que basicamente son variaciones del mismo tema psicológico: “La culpa es de la víctima”.

En primer lugar, la mayoría de los defensores del código ético universal consideran que la defensa propia está justificada. Esta racionalización resulta convenientemente elástica, puesto que siempre es posible provocar a los “otros” para que incurran en algún tipo de comportamiento que justifique un acto de defensa propia.

Declararse en posesión de la “verdadera” religión, raza o ideología política, o alegar que uno representa el progreso y el estadio más desarrollado de la civilización, es otra justificación tradicional de cualquier agresión, incluido el genocidio, contra los que están equivocados o son inferiores.

Existe una jerarquía casi universal del desprecio, según la cual los pueblos con escritura y conocimientos metalúrgicos avanzados (por ejemplo, los colonizadores de África) menosprecian a los pueblos ganaderos (por ejemplo, los tutsis, los hotentotes), que a su vez desprecian a los agricultores (por ejemplo, los hutus), que, por su parte, miran por encima del hombro a los nómadas y a los cazadores- recolectores (por ejemplo, los pigmeos y los bosquimanos).

Por último, nuestros códigos éticos establecen una diferencia entre los animales y los humanos. Por ello, la comparación de las víctimas de un genocidio con los animales es otra de las racionalizaciones del genocidio habitualmente utilizadas en tiempos modernos. Los nazis tenían a los judíos por piojos infrahumanos; los colonos franceses de Argelia denominaban a los musulmanes del país ratons (ratas); los paraguayos “civilizados” llamaban ratas rabiosas a los cazadores-recolectores de la etnia aché; los bóers calificaban a los africanos de bobejaan (mandriles), y los nigerianos educados del norte del país veían a los ibos como sabandijas infrahumanas.”  pág. 404-405

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El tercer chimpancé“En nuestros días, pese a que sigamos dividiendo a la humanidad en “nosotros” y “ellos”, sabemos que hay miles de tipos de “ellos”, diferentes entre sí y de nosotros en lo tocante al lenguaje, la apariencia y los hábitos… Al igual que los chimpancés, los gorilas y los carnívoros sociales, los humanos vivíamos en clanes territoriales. El mundo conocido era mucho menos y más simple que el actual: solo existían unos cuantos tipos conocidos de “ellos”, los vecinos más próximos.

En mis recorridos por los valles de Nueva Guinea, personas que practicaban el canibalismo y hacía tan solo una década que habían salido de la Edad de Piedra tenían por costumbre prevenirme contra las costumbres increíblemente primitivas, viles y bárbaras de las gentes a las que encontraría en el valle contiguo. Incluso las bandas de gángsters del Chicago del siglo XX adoptaron la política de contratar a pistoleros de otras ciudades con el fin de que el asesino pudiera sentir que estaba matando a uno de los “suyos” y no a uno de los “nuestros”.

La obras literarias de la Grecia clásica revelan una prolongación de ese territorialismo tribal. Aunque el mundo conocido era mayor y más diverso, los griegos establecían una barrera que los separaba del resto de los pueblos, a los que consideraban bárbaros. El vocablo “bárbaro” se deriva del barbaroi griego, que simplemente significa extranjeros. Los egipcios y los persas habían alcanzado un grado de civilización semejante al de los griegos, que no obstante, los calificaban de barbaroi. El ideal de conducta no consistía en la igualdad de trato, sino en favorecer a los amigos y castigar a los enemigos.

los humanos han aplicado un criterio dual a su conducta: fuertes inhibiciones para matar a uno de los “nuestros” y luz verde para matar a unos de los “suyos” siempre que no resulte peligroso. Amparándose en esta dicotomía, heredada del instinto animal o propia del código ético humano, el genocidio ha resultado aceptable.”  pág. 402-403

El tercer chimpancéAl analizar las primeras civilizaciones con escritura, las pruebas documentales atestiguan la frecuencia del genocidio. Las guerras entre griegos y troyanos, entre romanos y cartagineses y entre asirios y babilonios o persas siempre concluían del mismo modo: ya fuera con la matanza de los vencidos, sin hacer concesiones a las mujeres, ya con el aniquilamiento de los hombres y la esclavización de las mujeres. Todos conocemos el relato bíblico sobre cómo las murallas de Jericó se derrumbaron ante el sonido de las trompetas de Josué; lo que no suele citarse con frecuencia son las secuelas: Josué obedeció las órdenes del Señor e hizo matar a los habitantes de Jericó, asi como a los de Ai, Makkedah, Libnah, Hebrón, Debir y otras muchas ciudades. Este proceder era tan común que el Libro de Josué tan solo dedica una frase a cada matanza, como si dijera: Claro que mataron a todos los habitantes, ¿qué otra cosa podría esperarse? El único relato que requiere mayor elaboración es el de la matanza cometida en Jericó, donde Josué hizo algo realmente inusual: perdonar la vida de una familia que había ayudado a sus emisarios.

Es evidente que el genocidio ha formado parte de la herencia humana y prehumana durante millones de años.

La incidencia del genocidio en épocas pasadas parece al menos tan elevada como la actual, pese a que las consideraciones prácticas limitasen el número de víctimas. Si queremos comprender el genocidio con mayor profundidad, será necesario dejar de lado las fechas y las cifras y analizar la ética del asesinato.

Es evidente que el impulso hacia el asesinato está frenado por la ética en la mayoría de los casos. La pregunta que debemos formularnos es por qué en algunas ocasiones rompe esos diques de contención.”  pág. 400, 402

El tercer chimpancé“Especial interés para la comprensión de los orígenes de nuestras tendencias genocidas reviste la conducta de dos de nuestros tres parientes próximos, los gorilas y los chimpancés comunes… recientes descubrimientos sobre el comportamiento de los simios han revelado que un gorila o un chimpancé común tienen al menos tantas posibilidades de convertirse en asesinos como cualquier ser humano.

Lo chimpancés también comparten con los humanos las tendencias xenófobas: no tienen problemas para reconocer como extraños a los miembros de otros clanes y les deparan un trato muy distinto del establecido entre los miembros de su propio clan.

La conducta de los chimpancés indica que uno de los motivos fundamentales de que la humanidad adoptara su característico modo de vida grupal fue la necesidad de defenderse de otros grupos humanos, sobre todo una vez que la humanidad inventó las armas y adquirió la capacidad cerebral necesaria para desarrollar estrategias de ataque. Si esta argumentación es correcta, es posible que el tradicional énfasis concebido por los antropólogos al “hombre cazador” como fuerza impulsora de la evolución humana resulte ser válido, con la diferencia de que fuimos los propios humanos los que desempeñamos el papel de presa a la vez que el de depredador.”  pág. 393, 397

El tercer chimpancéDado que el género Homo, el de los humanos, se definió antes que el Pan, acuñado para los «otros chimpancés», Homo tiene prioridad según las reglas de la nomenclatura zoológica. Debemos cocluir, por tanto, que en la actualidad coexisten en la Tierra tres especies del género Homo: el Homo troglodytes o chimpancé común; el Homo paniscus o chimpancé enano, y el tercer chimpancé, que es el Homo sapiens o chimpancé humano.” pág. 44