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El Establishment - Owen JonesLa última vez que hablamos dejó caer que había descubierto que el establishment era una panda de cabrones. ¿Podría profundizar en esa idea?

Probablemente estaba bromeando (ríe). No se trata de seres maléficos, de individuos aterradores. Mi argumentación no es que nos gobierne mala gente y que tengamos que cambiarlos por algunas buenas personas y que así todo mejorará. Mucha gente del establishment son personas generosas y amables que hacen obras de caridad.

El problema es el sistema y lo que promueve socialmente: la avaricia, el predominio del interés privado que justifica y racionaliza la concentración de riqueza y poder. Si entrevisto a una empresa que se dedica a favorecer la evasión de impuestos, por más que me cuenten todas las obras benéficas que realiza, es una mera autojustificación. La evasión de impuestos implica directamente el recorte de servicios sociales, lo cual es muchísimo más dañino que el pequeño beneficio que obtiene el público de una obra de caridad. La gente es capaz de racionalizar cualquier tipo de acción, pero no deja de ser una acción individual.

Usted describe el establishment como algo fluido, que se resignifica una y otra vez.

No es estático, eso es cierto. Como cualquier sistema, no puede ser reducido a cada una de sus partes, sino a cómo se relacionan e interactúan entre sí. Es como el cerebro humano: no se entiende si examinas una neurona, sino su interacción. Por supuesto se trata de un sistema fluido, si comparamos el establishment británico al finalizar la Segunda Guerra Mundial con el actual son muy distintos, ha cambiado mucho demográficamente. Sigue habiendo una representación muy desigual, con infrarrepresentación de mujeres, ciudadanos de clase obrera o de minorías étnicas. Aun así, es mejor de lo que era hace treinta años para las mujeres y las minorías raciales.

Pero ha cambiado cómo opera y se comporta desde la revolución neoliberal de los setenta: muta dramáticamente según las circunstancias económicas y políticas. El poder nunca es estático, para cambiarlo tenemos que entender eso.

Establece las raíces del establishment contemporáneo en la Sociedad Mont Pelerin, el grupo de economistas, historiadores y filósofos que comenzaron a reunirse después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo hace uno para no convertirse en un conspiranoico al leer que un grupo tan reducido lo cambió todo?

No se trata de una conspiración en el sentido de que no fue un hatajo de ricos metidos en una sala pensando en maneras más creativas y horribles de hacer peor la vida de los pobres. Tienen intereses económicos y mentalidades comunes, la misma ideología, y por tanto las mismas suposiciones sobre lo social. No es una conspiración sino una manera consciente e inevitable de entender el sistema y cómo opera.

Mont Pelerin no era conspiratorio, era muy abierto y transparente, se trataba de un grupo de personas ubicadas en los márgenes durante la posguerra europea, todos considerados elementos extremistas, lo cual a ellos les parecía una injusticia, claro. Decidieron organizarse y esperar su oportunidad. Establecieron las bases intelectuales de su proyecto durante décadas, con sus think tanks, y a través de unos de sus máximos ideólogos, Milton Friedman, sentaron la base ideológica: las crisis facilitan el cambio, y lo políticamente inviable se convierte en inevitable. En los setenta se les presentó una gran oportunidad económica, en lo que se conoce ya como el surgimiento del neoliberalismo. Jamás fue una conspiración sino un proyecto político abierto.

El establishment puede leerse como una precuela de Chavs cuando explica que “los dogmas liberales se establecen y tienen que ser adoctrinados a los ciudadanos”. Una vez más, los medios de comunicación juegan un papel clave.

Evidentemente, no tenemos una prensa libre, sino una dominada por un pequeño grupo de magnates que tienen todas las razones para defender un sistema del que forman parte. Los medios juegan un papel muy importante porque deciden lo que es políticamente aceptable y lo que no. Son los que etiquetan qué puede formar parte de un debate político, qué queda fuera y se considera marginal y queda diluido. Todo lo que ataque al statu quo se margina, se ataca o se demoniza. A su vez, ayudan a dirigir la frustración y la rabia de la gente, las alejan de los poderosos y las dirigen hacia los que están en lo más bajo de la escala social: pobres, inmigrantes, desempleados y empleados públicos… todos aquellos menos los empleadores que no pagan adecuadamente, los banqueros que operan de manera opaca y los evasores de impuestos.

También contribuyen a reforzar la idea de que lo que es bueno para los ricos es bueno para la sociedad, popularizando que si los ricos se hacen más ricos de alguna manera esa riqueza se filtrará al resto de la sociedad.

En el fondo, lo que tienen en común Chavs y El establishment es que los medios de comunicación juegan el mismo papel que jugaba la Iglesia medieval durante el feudalismo, ayudando a mantener el statu quo. Eso no quiere decir que la gente sea estúpida y que a los ciudadanos les laven el cerebro, pero los medios de comunicación contribuyen a crear una atmósfera en que ciertas ideas se consideran inaceptables y la rabia se dirije, por ejemplo, contra los inmigrantes. A su vez, el orden establecido se entiende como positivo por naturaleza.

vía Owen Jones: “La izquierda europea debe aprender de Podemos”.

Redes

Una red es un conjunto de nodos interconectados Los nodos pueden tener mayor o menor relevancia para el conjunto de la red., de forma que los especialmente importantes se denominan “centros” en algunas versiones de la teoría de redes. En todo caso, cualquier componente de una red (incluidos los “centros”) es un nodo, y su función y significado dependen de los programas de la red y de su interacción con otros nodos de ésta. Los nodos aumentan en importancia para la red cuando absorben más información importante y la procesan más eficientemente.

el papel fundamental de la tecnología dentro del proceso de transformación social, especialmente cuando consideramos la principal tecnología de nuestro tiempo, la tecnología de la comunicación, que se relaciona con la esencia de la especificidad de la especie humana: la comunicación consciente y significativa. Gracias a las tecnologías de información y comunicación disponibles, la sociedad red puede desplegarse plenamente, trascendiendo los límites históricos de las redes como forma de organización e interacción social.” Pág. 45, 50

Un político honesto e inteligente es casi un contrasentido. O dejará de ser honesto o dejará de ser político. O simplemente es un imbécil. Esa es la conclusión a la que uno llega después de leer los agudos argumentos de Dean Burnett, un columnista del diario inglés The Guardian. Argumentos meritorios, habría que decir, porque ni siquiera necesitó abordar las pruebas definitivas que le habría dado el análisis de la política mexicana.

Aquí sus argumentos. Los políticos que tienen una absoluta seguridad en lo que dicen y son contundentes resultan mucho más verosímiles para los votantes. Por desgracia esa contundencia no siempre está relacionada con la inteligencia o el conocimiento; en realidad suele ocurrir lo contrario. Está probado que un testigo que expresa un testimonio categórico y sin fisuras es infinitamente más convincente para un jurado, sin importar que sea un ignorante, que un testigo ponderado, honesto e inteligente que contesta con cuidado, sabiendo que no hay certezas absolutas. Una serie de estudios, cita Burnett, muestran que las personas menos inteligentes tienden a ser más categóricas en lo que dicen, pues resultan incapaces de imaginar o aceptar datos que contradigan su visión.

En la política sucede algo similar. El enorme atractivo de Vicente Fox como candidato no residía en su conocimiento de los asuntos públicos, sino en su capacidad para reducirlo a media docena de frases simplistas, pero eso sí, dichas con absoluta convicción. Resolver lo de “Chiapas en quince minutos” o sacar de Los Pinos a las culebras, tepocatas y alimañas. La profunda convicción que Fox tenía de sí mismo para presentarse como salvador del conflicto de Chiapas o para erradicar la corrupción, residían en su ignorancia. Y le funcionó, al menos para llegar a la presidencia.

Según la llamada Ley de Trivialidades de Parkinson, o mejor conocida como Teoría del Techo para Bicicletas, las personas no quieren oír hablar de los temas que ignoran o que resultan demasiado complejos. El nombre deriva del comité de una planta nuclear que dedicaba sus sesiones a discutir de qué material construirían el techo para el estacionamiento de bicicletas, en lugar de abordar la estrategia para definir el diseño de los reactores nucleares. Era demasiado complejo.

Un político que se ponga a desmenuzar las verdaderas causas del desempleo o de la devaluación del peso tiene muy pocas posibilidades de mantenerse en la política. Será arrasado por aquél que ofrezca una visión burda y simplificadora, pero eso sí, comunicada con absoluta convicción. Algo que no podría hacer un político que a la vez sea honesto e inteligente. Nadie puede afirmar que resolverá el problema de Chiapas en quince minutos a menos que sea muy ignorante o muy deshonesto. O está mintiendo y simplemente lo hace para conseguir votos, o es honesto pero un idiota.

vía El preocupante éxito de los imbéciles.

en la sociedad red la política es fundamentalmente una política mediática, con especial hincapié en su epítome, la política del escándalo, y relacionando los resultados del análisis con la crisis mundial de legitimidad política que cuestiona el significado de la democracia en muchos lugares del mundo.

cuanta más autonomía proporcionen las tecnologías de la comunicación a los usuarios, más oportunidades habrá de que los nuevos valores e intereses entren en el campo de la comunicación socializada y lleguen a la mente colectiva. Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social, las personas, es decir, nosotros, somos ángeles y demonios al mismo tiempo, y nuestra mayor capacidad para actuar en sociedad proyectará simplemente lo que realmente somos en cada contexto espaciotemporal.

las relaciones de poder ha sido las relaciones fundamentales de la sociedad  lo largo de la historia y en todos los países y culturas. Y si las relaciones de poder se construyen en la mente a través de los procesos de comunicación, como intenta demostrar este libro, estas conexiones ocultas muy bien pudieran ser el código fuente de la condición humana.” Pág. 29-30

“Mi hipótesis de trabajo es que la forma esencial de poder está en la capacidad para modelar la mente. La forma en que sentimos y pensamos determina nuestra manera de actuar, tanto individual como colectivamente. Es cierto que la coacción y la capacidad para ejercerla, legítimamente o no, constituyen una fuente básica de poder, pero la coacción por sí sola no puede afianzar la dominación.

Sostengo que el proceso de formación y ejercicio de las relaciones de poder se transforma radicalmente en el nuevo contexto organizativo y tecnológico derivado del auge de las redes digitales de comunicación globales y se erige en el sistema de procesamiento de símbolos fundamental de nuestra época.

estas redes horizontales posibilitan la aparición de lo que yo llamo “autocomunicación de masas”, que incrementa de forma decisiva la autonomía de los sujetos comunicantes respecto a las empresas de comunicación en la medida en que los usuarios se convierten en emisores y receptores de mensajes.

Si el poder funciona actuando sobre la mente a través de los mensajes, hemos de comprender de qué forma la mente humana procesa esos mensajes y de qué forma se traduce este proceso en el ámbito político. Ésta es la transición analítica clave de este libro y quizás el elemento de la investigación que requiera el mayor esfuerzo por parte del lector (como a mí me lo exigió), ya que el análisis político está solo empezando a integrar la determinación estructural con los procesos cognitivos. ” Pág. 24-25, 27