Posts etiquetados ‘Conducta moral’

Es increíble lo que puede revelar un juego amañado de Monopolio. En esta entretenida pero aleccionadora charla, el psicólogo social Paul Piff comparte su investigación sobre cómo se comporta la gente cuando se siente rica.

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¿EN QUÉ CONSISTE LA RELACIÓN ENTRE EL APEGO AFECTIVO Y LA MORALIDAD?

Los seres humanos, al igual que los babuinos, los marmosetas, los leones y algunos otros mamíferos, son seres intensamente sociables. Nuestros cerebros se estructuran para atender a nuestros propios intereses, pero también a los de nuestra prole. Aunque la vida social puede suponer muchas ventajas, también incrementa la competitividad entre el mismo grupo, así como la rivalidad para conseguir recursos entre parientes, parejas y vecinos. La resolución de problemas sociales, fundamentada en los vínculos afectivos, pero también moldeada por una preocupación por la reputación y el miedo a ser castigado o a ser excluido, provoca una cierta atenuación de los conflictos, como los que implican amenazas externas y rivalidades internas. Así pues, en los seres humanos, la monogamia como práctica social puede ser una buena solución para reducir la competitividad entre hembras, así como para heredar los recursos.

La conducta social y la moral parecen ser parte del mismo espectro de acciones, en el sentido de que esas acciones que consideramos “morales” implican unos resultados de mayor transcendencia que las acciones de tipo social como hacer un regalo a una madre que acaba de dar a luz. El hecho de que la conducta social y moral forme parte de una misma línea continua está modestamente corroborado por los datos neurocientíficos que demuestran que tanto si un sujeto considera un acto como “social” como si lo considera “moral”, las regiones de la corteza prefrontal que registran un incremento de la actividad son las mismas.

En el caso de los mamíferos podemos afirmar que existen numerosos procesos cerebrales que participan de las dinámicas de sociabilidad, pero son tres los factores que destacan en este sentido: (1) los impulsos para velar por nuestro bienestar y el de nuestra descendencia, pareja y afiliados; (2) la capacidad para evaluar y predecir lo que uno mismo y los demás sentirán y harán en determinadas circunstancias; y (3) un sistema neural de recompensas y castigos relacionados con la interiorización de prácticas sociales y su correcta aplicación, que está a su vez relacionado, en términos generales, con aprender las expectativas y las costumbres de los padres, los hijos y otros miembros de la familia.

Algunos seres humanos tienden a desarrollar una conducta grupal y se preocupan mucho por su reputación, mientras que otros viven a gusto en los márgenes de la sociedad y son felices con su excentricidad; en un extremo, encontramos a los seres humanos con trastornos claramente desfavorables para su sociabilidad, como el autismo.

Si los valores morales se afianzan en la neurobiología de la sociabilidad y si la cooperación es una conducta importante y moralmente relevante, el próximo paso de nuestra investigación es fijarnos con mayor atención en la cooperación, y por último discernir cómo es posibles que las interacciones cooperativas en un clima de confianza puedan darse con asiduidad entre amigos y desconocidos sin ningún vínculo familiar. Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes de que la sociabilidad tiene también un lado oscuro, y, en el caso de los seres humanos, puede verdaderamente ser muy oscuro.

En gran medida, los seres humanos, como cualquier otro mamífero sociable, se sienten fuertemente motivados para formar parte de un grupo y compartir sus prácticas con él. Nuestra conducta moral, aunque es más compleja que la conducta social de otros animales, es parecida en tanto en cuanto representa nuestro intento por conducirnos adecuadamente en la ecología social existente.

Sería cierto afirmar que los valores enraizados en el circuito que nos impulsa a cuidar de los demás —ocuparnos de nuestro bienestar, del de nuestra descendencia, parejas, parientes, etcétera— conforman el razonamiento social acerca de muchas cuestiones: la resolución de conflictos, el mantenimiento de la paz, la gestión de la defensa, el comercio, la distribución de recursos y otros muchos aspectos de la vida social en toda su amplia riqueza.”

 

 

Mi objetivo en estas páginas es explicar lo que es probable que sea cierto acerca de nuestra naturaleza social, y qué es lo que implica a la hora de ofrecer  una plataforma neuronal de conducta moral. Según explicaré más adelante, la plataforma en cuestión es solo un punto de partida; no constituye toda la historia de los valores humanos. Las práctica sociales y la cultura en términos más generales no constituyen el foco de atención de este libro, aunque por supuesto tienen una gran importancia en los valores con los que vivimos ls personas.

La hipótesis de trabajo es que el tránsito del mundo social depende en gran medida de los mismos mecanismos neuronales —motivación e impulso, recompensa y predicción, percepción y memoria, control de impulsos y toma de decisiones—. Estos mismos mecanismos pueden emplearse para tomar decisiones físicas o de carácter social; para construir un conocimiento del mundo o de la sociedad, como por ejemplo, qué personas son irascibles o cuándo se espera de mí que comparta el alimento o defienda al grupo de los intrusos o me enfrasque en una pelea.”