Posts etiquetados ‘Conducta social’

“En la parte delantera del cerebro yace la corteza prefrontal (CPF), una gran extensión de corteza cuya región anterior se encuentra detrás de la frente. Es la CPF, así como sus vías hacia las estructuras emocionales del cerebro, la que produce la inteligencia en la conducta social humana.

A lo largo de la evolución del cerebro de los homínidos, la CPF se agrandó, de modo que en los humanos es mucho mayor en relación con el tamaño del cuerpo que en nuestros parientes mamíferos,

Los neurocientíficos consideran que las ventajas selectivas de la CPF incluyen una mayor capacidad para predecir, tanto en el ámbito social como en el físico, unida a una mayor capacidad para capitalizar esas predicciones retrasando la gratificación y ejerciendo medidas de autocontrol.

Durante el proceso de maduración, la CPF va a la zaga del resto de zonas corticales, y en los seres humanos algunos estadios del desarrollo neural de la CPF no maduran hasta la edad adulta, un hallazgo que parece coherente con la apreciación común de que, en su conducta social y su capacidad de autocontrol, los adolescentes no son del todo maduros.

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“Otra recomendación de carácter más general: en lo tocante a la conducta cooperativa, a diferencia del reflejo del parpadeo, apelar a la cualidad innata de un rasgo no nos ofrece demasiada información. Esto se debe a que lo que media en la conducta es el circuito neuronal —tal como hemos explicado— es el resultado de las interacciones entre genes; entre los genes, las neuronas y el entorno; entre las neuronas y el entorno; entre las neuronas, y entre el cerebro y el entorno. Es indudable que los genes desempeñas un papel determinante en lo que somos, pero nos falta saber exactamente cuál es ese papel.

Tal como están las cosas, lo cierto es que no es posible postular la existencia de “genes para decir la verdad”. Según lo apuntado anteriormente, si la relación entre la agresividad y los genes de la mosca de la fruta es complicada, entonces no es de extrañar que la relación entre los genes y los valores humanos defendidos por los seres humanos, con su enorme corteza prefrontal, su inmadurez en el momento de nacer y el nivel asombroso de tareas que deben aprender, parezca ser aún más complicada.

Aristóteles y Confucio ya se dieron cuenta de que el contexto es importante, y por eso consideraban que el conocimiento moral se asentaba en las habilidades y la disposición de una persona, no en un conjunto de normas

“Esta capacidad de “nuestra naturaleza” ha llevado a una larga lista de biólogos evolutivos y psicólogos a especular sobre la base genética de la cooperación. Aunque debemos ser precavidos en un aspecto: gran parte de la conducta cooperativa humana puede explicarse por cualidades que son distintas a la cooperación tal y como se definiría en términos biológicos (es decir, como producto de la selección). Por ejemplo, una fuerte predisposición social, junto con el deseo de pertenencia y el aprendizaje de prácticas sociales,

los seres humanos son muy capaces de aprender de su experiencia del pasado para establecer analogías con un problema al que se enfrentan en la actualidad, y aplicar una solución parecida a la que aplicaron en el pasado. Al parecer, estas habilidades se cuentan entre las que Aristó teles tenía en mente cuando, en su Ética Nicomáquea, debatió con todo lujo de detalles la adquisición de la virtud social y la sabiduría a través de la experiencia.

REDES GENÉTICAS

Todos los datos indican que la mayoría de productos genéticos (por lo general, proteinas, pero también pueden ser ARN —ácido ribonucleico—) desempeñan múltiples tareas en el cuerpo y el cerebro. Es decir, la proteína que un gen codifica puede desempeñar un papel en muy distintas funciones, como por ejemplo en la creación de un hígado, en mantener la membrana interna del esófago, en recoger un neurotransmisor extra de un sinapsis y en la modificación de la membrana de una neurona durante el aprendizaje. Por ejemplo, la serotonina participa de la regulacion cardiovascular, la respiración, el ritmo cardíaco, los ciclos del sueño y la vigília, el apetito, la agresividad, la conducta ssexual, la reactividad sensoriomotora, la sensibilidad al dolor y el aprendizaje de las recompensas.

los genes forman parte de unas redes, de modo que se influyen e interactúan entre sí y también con rasgos del entorno.

Las complejidades se van acumulando. Puesto que los genes y sus productos participan de la construcción del cuerpo y el cerebro, y puesto que el sistema nervioso interactúa con el entorno de manera que, a su vez, puede provocar cambios en la expresión genética, resulta muy poco probable que una conducta sensible a una situación concreta, como l agresión o la cooperación, pueda establecer vínculo causales con la presencia de un solo gen o incluso con un par de genes.

Es casi seguro que la conducta social de los mamíferos depende de los genes de la oxitocina (OXT), los receptores de oxitocina (OXTR), la vasoprexina (VPA), los opiáceos endógenos, la dopamina, los receptores de dopamina, la serotonina y los receptores de serotonina, así como los genes implicados en el desarrollo de los circuitos que prestan apoyo a las extensas vías del nervio vago en todo el cuerpo. Eso para empezar.”

“En relación a este asunto, su reciente análisis de los datos arqueológicos indica que hace unos cincuenta mil años, la violencia fue la causa de un gran número de muertes. Mientras que en algunos lugares no se tienen datos acerca de muertes violentas, en otros sabemos que cerca del 46% de la población murió violentamente.

Estas cuatro hipótesis sobre la evolución de la cooperación humana:

  1. una jerarquía flexible y un temperamento relativamente fácil,
  2. una crianza cooperativa de los hijos que se ampliaba hacia la cooperación con el grupo,
  3. la selección sexual y
  4. la competitividad letal intergrupal,

no son mutuamente excluyentes, y dada la escasez de datos sobre la vida humana social de hace trescientos mil años, será interesante observar la evolución de cada uno de estos aspectos a medida que vayamos recopilando nuevos daatos.

Las condiciones necesarias para la sociabilidad dependen de las emociones homeóstaticas del cerebro y la expansión del propio ámbito homeóstatico de la descendencia, los parientes y afiliados. La sociabilidad también depende de la capacidad que tenga el cerebro para aprender —por imitación, por ensayo y error, por condicionamiento y por instrucción—.”

¿QUÉ SIGNIFICA EXACTAMENTE EN LOS MAMÍFEROS LA COOPERACIÓN?

Los biólogos evolutivos otorgan un significado muy preciso a la cooperación y a otros conceptos relacionados con ella:

  1. Una conducta es social si tiene consecuencias en las capacidades del actor y del receptor.
  2. Una conducta que es beneficiosa para el actor y costosa para el receptor (+/-) es egoísta.
  3. Una conducta que es beneficiosa para ambos es mutuamente beneficiosa (+/+).
  4. Una conducta que es beneficiosa para el receptor pero costosa para el actor es altruista (-/+).
  5. Una conducta que es costosa tanto para el actor como para el receptor es perniciosa (-/-).
  6. El hecho de que una conducta sea costosa o beneficiosa se define en función de:
    • las consecuencias de por vida a nivel de capacidad (es decir, no solo se miden las consecuencias a corto plazo);
    • las consecuencias de capacidad en relación con la población entera (es decir, no solo las que atañen al individuo o al grupo social con el que el sujeto interacciona)
  7. La cooperación es una conducta que ofrece una ventaja a otro individuo (receptor) y cuya evolución depende del efecto beneficioso para el receptor.

En cuanto al significado de “cooperación”, ésta es la acepción principal que ofrece el Oxford English Dictionary: “la acción de cooperar, por ejemplo, hacia un mismo fin, propósito o efecto; acción conjunta”. La idea de realizar un “esfuerzo conjunto” parece abarcar un gran número de iniciativas humanas, y posiblemente también las de otros primates. “

¿EN QUÉ CONSISTE LA RELACIÓN ENTRE EL APEGO AFECTIVO Y LA MORALIDAD?

Los seres humanos, al igual que los babuinos, los marmosetas, los leones y algunos otros mamíferos, son seres intensamente sociables. Nuestros cerebros se estructuran para atender a nuestros propios intereses, pero también a los de nuestra prole. Aunque la vida social puede suponer muchas ventajas, también incrementa la competitividad entre el mismo grupo, así como la rivalidad para conseguir recursos entre parientes, parejas y vecinos. La resolución de problemas sociales, fundamentada en los vínculos afectivos, pero también moldeada por una preocupación por la reputación y el miedo a ser castigado o a ser excluido, provoca una cierta atenuación de los conflictos, como los que implican amenazas externas y rivalidades internas. Así pues, en los seres humanos, la monogamia como práctica social puede ser una buena solución para reducir la competitividad entre hembras, así como para heredar los recursos.

La conducta social y la moral parecen ser parte del mismo espectro de acciones, en el sentido de que esas acciones que consideramos “morales” implican unos resultados de mayor transcendencia que las acciones de tipo social como hacer un regalo a una madre que acaba de dar a luz. El hecho de que la conducta social y moral forme parte de una misma línea continua está modestamente corroborado por los datos neurocientíficos que demuestran que tanto si un sujeto considera un acto como “social” como si lo considera “moral”, las regiones de la corteza prefrontal que registran un incremento de la actividad son las mismas.

En el caso de los mamíferos podemos afirmar que existen numerosos procesos cerebrales que participan de las dinámicas de sociabilidad, pero son tres los factores que destacan en este sentido: (1) los impulsos para velar por nuestro bienestar y el de nuestra descendencia, pareja y afiliados; (2) la capacidad para evaluar y predecir lo que uno mismo y los demás sentirán y harán en determinadas circunstancias; y (3) un sistema neural de recompensas y castigos relacionados con la interiorización de prácticas sociales y su correcta aplicación, que está a su vez relacionado, en términos generales, con aprender las expectativas y las costumbres de los padres, los hijos y otros miembros de la familia.

Algunos seres humanos tienden a desarrollar una conducta grupal y se preocupan mucho por su reputación, mientras que otros viven a gusto en los márgenes de la sociedad y son felices con su excentricidad; en un extremo, encontramos a los seres humanos con trastornos claramente desfavorables para su sociabilidad, como el autismo.

Si los valores morales se afianzan en la neurobiología de la sociabilidad y si la cooperación es una conducta importante y moralmente relevante, el próximo paso de nuestra investigación es fijarnos con mayor atención en la cooperación, y por último discernir cómo es posibles que las interacciones cooperativas en un clima de confianza puedan darse con asiduidad entre amigos y desconocidos sin ningún vínculo familiar. Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes de que la sociabilidad tiene también un lado oscuro, y, en el caso de los seres humanos, puede verdaderamente ser muy oscuro.