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VALORES FAMILIARES: PERTENENCIA Y DESEO DE PERTENENCIA.

En todas las mamíferas embarazadas, incluidas las mujeres humanas, la placenta del feto libera una variedad de hormonas al torrente sanguíneo de la madre que surte el efecto de “maternalizar” su cerebro. Estas hormonas, incluidas la progestina, el estrógeno y la prolactina, actúan principalmente sobre las neuronas de las estructuras subcorticales.

Es probable que los opiáceos endógenos, es decir, las moléculas parecidas al opio que se generan en nuestro cerebro, también desempeñen un papel crucial en las relaciones maternas, y la hembra que amamanta obtiene la recompensa del placer a partir de los opiáceos que se liberan durante la lactancia.

En todos los seres vertebrados, el miedo, la ansiedad y el dolor físico se registran como señales de advertencia en el tallo cerebral y el hipotálamo que incitan a “protegerse”. Estos cambios conducen a un repertorio de conductas correctivas a lo largo del circuito de autopreservación. Las modificaciones evolutivas de estos sistemas básicos aseguran que los mamíferos respondan a la amenaza y al ataque a su descendencia como a sí mismos.

Puesto que los seres humanos tienen cerebros sociales, nuestro sistema de dolor más generalizado nos hace sentir mal no solo cuando nuestro bienestar se ve amenazado, sino cuando el bienestar de nuestros seres queridos también lo está.”

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Los cerebros están organizados para procurar el bienestar y para buscar alivio ante cualquier incomodidadel circuito para la autopreservación y el rechazo del dolor se encuentra en el origen de los valores más elementales: los valores de permanecer vivo y bien.

Cuando los cachorros están amenazados, su bienestar le importa a la hembra tanto como su propio bienestar, y por consiguiente es capaz de emprender acciones correctivas. El dolor y el miedo, sus emociones homeostáticas que conforman el sentimiento y la motivación, se activan cuando el bienestar de sus cachorros está amenazado. Es como si el círculo dorado del “yo” se ampliara hasta incluir a “mis” indefensos cachorros.

Los pasos cruciales que nos llevan a una variedad de tipos de sociabilidad (el cuidado de los demás), que es un rasgo típico de los mamíferos, dependen de los mecanismos neuronales y corporales que “maternalizan” el cerebro de los mamíferos hembra, que a su vez depende de los neuropéptidos como la oxitocina (OXT) y la vasopresina arginina (VPA), junto con otras hormonas. Es casi seguro que estos mecanismos no fueron, en un principio, seleccionados para servir a una serie amplia de finalidades sociales, sino que sólo pretendían asegurar que la hembra contara con los recursos y la motivación necesarios para amamantar, defender y, en términos más generales, dedicarse al bienestar de sus indefensos pequeños hasta que pudieran valerse por sí mismos. Los mamíferos cuyo circuito los preparaba para el cuidado de su descendencia registraban un mayor índice de supervivencia de sus crías que los que se mostraban más negligentes en su cuidado.”

Los mecanismo del sistema nervioso simpático preparan el cuerpo para “la lucha o la huida”, y cuando la amenaza ha pasado, otros mecanismos del sistema parasimpático restablecen la presión sanguínea y el ritmo cardíaco a un estado de menor desgaste energético que nos invita a “descansar y digerir”. Además, el circuito es sensible a  las prioridades, de modo que el miedo a un depredador que se acerque supera a las ganas de comer una sabrosa nuez o al deseo de aparearse con una hembra en celo.

El circuito límbico del tallo cerebral, al integrar las señales tanto del medio interno como de la superficie corporal, supone la base organizativa que se encarga de la autopreservación, y por consiguiente, de un mínimo sentido del ser. Conservar la salud y el bienestar del cuerpo constituye el andamiaje neurobiológico para los niveles elevados de autorrepresentación, como la sensación que se tiene de uno mismo como persona que pertenece a un grupo social y que tiene vínculos especiales con algunos individuos concretosLos cerebros están organizados para procurar el bienestar y para buscar alivio ante cualquier incomodidad… el circuito para la autopreservación y el rechazo del dolor se encuentra en el origen de los valores más elementales: los valores de permanecer vivo y bien.

¿Qué es lo que ocurre en el cerebro para que un animal cuide de los demás o exprese valores sociales? Según la hipótesis predominante, esto se explica básicamente por la neuroquímica del apego y los vínculos afectivos de los mamíferos.

Todos los sistemas nerviosos se organizan para cuidar de la supervivencia básica del cuerpo del que forman parte. Desde una perspectiva evolutiva, lo fundamental es muy sencillo: se elige el “cuidado” de uno mismo. Los animales que no consiguen preservarse a dí mismos no tienen posibilidad alguna de transmitir sus genes, mientras los animales que consiguen mantener sanos sus cuerpos tienen opciones para transmitir sus genes. Para que un animal sobreviva, se pone el mundo  patas arriba para conseguir energía, agua y todo lo necesario para que el organismo funcione. El dolor y el miedo son señales de supervivencia que indican la necesidad de una conducta correctiva.

En el ratón, del mismo modo que en los humanos, el tallo cerebral y las neuronas hipotalámicas regulan la temperatura corporal, los niveles de glucosa, la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y los niveles de dióxido de carbono. La homeostasis es el proceso mediante el cual el medio interno del organismo se regula para aproximarse al rango necesario para la supervivencia.  el dolor, tal como ha observado el neurocientífico Bud Craig, es una emoción homeostática. Todos nosotros estamos familiarizados con los cambios del medio interno que indican la necesidad de corregir un desequilibrio: el pánico que experimentamos cuando nos falta oxígeno; la incomodidad que sentimos cuando tenemos frío; la sensación de sed, las náuseas y el dolor que produce el hambre extrema. Estas señales van acompañadas de distintos impulsos: el buscar calor, agua, alimento, vomitar, escaparse, acurrucarse, etcétera.”