Posts etiquetados ‘Egoísmo’

En la especie humana es más difícil llevar a cabo este tipo de estudios, pues no existen grupos claramente cooperadores y otros  no cooperadores. Pese a ello, se está investigando el posible papel que puedan jugar una serie de genes concretos que modulan la síntesis de neuropéptidos (hormonas que se expresan sobre todo en el cerebro) en relación con los comportamientos cooperadores y egoístas.

Así, en una de estas hormonas, la oxitocina, se ha comprobado que hay algunas variaciones de un solo nucleótido dentro del gen que controla la síntesis de su receptor en las células. Estas variaciones nucleotídicas determinan cambios en el nivel de oxitocina, lo que a su vez, puede tener relación con un mayor o menor comportamiento cooperativo. Algunas personas con ciertos nucleótidos en el gen del receptor tienen menor cantidad de oxitocina en las células y pueden presentar comportamientos más altruistas, mientras que otras, con diferentes nucleótidos en dicho gen, presentarían mayor cantidad de oxitocina y por ello, comportamientos más egoístas. Otras variaciones nucleotídicas en genes receptores de neuropéptidos (como la vasopresina o la dopamina), o en la enzima monoaminooxidasa (relacionada con esta última hormona), se han tratado de asociar con comportamientos altruistas o egoístas.

El problema en todos estos estudios es que es muy difícil medir las predisposiciones altruistas y egoístas de forma directa en nuestra especie. Por ello, se utilizan medidas indirectas, como la habilidad de las personas para la orientación espacial (que según algunas investigaciones podría estar correlacionada negativamente con el altruismo), o su destreza en juegos de ordenador de tipo “económico” etc.

Por lo tanto, de momento, lo que sí parece cierto es que en nuestra especie existen de forma natural estas tendencias, aunque no sepamos-y quizás no lo sepamos nunca-, los genes o conjuntos de genes que están implicados. Y además,y quizás esto es lo más importante, hay que considerar que estos comportamientos tan complejos se pueden deber, además de a nuestro bagaje genético, a muchas circunstancias socioculturales, estando unidos ambos factores inextricablemente.

vía Los genes del egoísmo – OpenMind.

Es difícil encontrar líderes humanos a los que importe su pueblo, Pepe Mujica es un ejemplo de que otro tipo de líderes son necesarios.

La lucha que se pierde es la que se abandona.

No hay ningún final sino el camino mismo

Una lucha entre el egoísmo natural,  y que nos lo puso la naturaleza para defender nuestra vida y la vida del núcleo familiar que nos rodea, y esa lucha contra la otra gran fuerza , la solidaridad. Una disputa permanente entre egoísmo y solidaridad. La solidaridad es la defensa en el largo plazo de la especie, el egoísmo la necesidad como instrumento para defender nuestra vida y la de nuestros seres queridos. 

 

el gen egoísta“Existen aspectos sorprendentes de interacciones animales que no parecen estar obviamente incluidas bajo estos encabezamientos. Una de ellas es la propensión que tienen tantos animales en vivir en grupos. Las bandadas de pájaros, un enjambre de insectos, un cardumen de peces, un banco de ballenas, los mamíferos que habitan las praderas forman manadas o cazan como tales. Estos conjuntos consisten a menudo en miembros de una sola especie, pero hay excepciones. Es frecuente que las cebras formen manadas con los ñu, y en ocasiones pueden verse bandadas de pájaros de diversas especies.

Los beneficios que un individuo egoísta puede extraer de vivir en grupo constituye, en realidad, una lista heterogénea.

Si los animales viven juntos en grupos, sus genes deben obtener de la asociación un beneficio mayor de lo que invierten en ella.

Muchos de los beneficios atribuidos al hecho de vivir en grupo han sido relacionados con la posibilidad de evitar el riesgo de ser devorados por los predadores. Una buena formulación de tal teoría fue dada por W.D. Hamilton en una ponencia titulada Geometry for the selfish herd (Geometría para la manada egoísta). Con el fin de evitar posibles confusiones, debo señalar que por “manada egoísta” quiso significar “manada de individuos egoístas”.” p. 217-218

 

el gen egoísta II. LOS REPLICADORES

En algún punto, una molécula especialmente notable se formó por accidente. La denominaremos el replicador… tenía la extraordinaria propiedad de poder crear coias de sí misma.

No sabemos con qué precisión las moléculas replicadoras originales hicieron sus copias. Sus descendientes modernos, las moléculas de ADN, son asombrosamente fieles comparadas con los procesos de copia efectuados por los humanos, considerando los de más alta fidelidad, pero aun ellas, ocasionalmente, cometen errores, y, en última estancia, son estos errores los que hace posible la evolución. Probablemente los replicadores originales estaban más sujetos a errores, pero en todo caso podemos estar seguros de que sí se cometieron, y de que estos errores tuvieron un carácter acumulativo.

La evolución es algo que sucede, de buen o mal grado, a pesar de todos los esfuerzos de los replicadores (y actualmente los genes) para impedir que suceda.

Hubo una lucha por la existencia entre las distintas variedades de replicadores. Ellos no sabían que estaban luchando ni se preocuparon de ello; la lucha se llevó a cabo sin resentimientos, en realidad sin sentimientos de ningún tipo. Pero lucharon en el sentido de que cualquier copia con errores que diese como resultado un nivel más alto de estabilidad, o una nueva forma de de reducir la estabilidad de los rivales era, automáticamente, preservada y se multiplicada. El proceso de perfeccionamiento era acumulativo.

Otros replicadores descubrieron como protegerse a sí mismos, ya fuese por medios químicos o construyendo una barrera física formada por proteínas en torno a ellos. Ésta pudo ser la causa de que aparecieran las primeras células vivientes… Los replicadores que sobrevivieron fueron aquellos que construyeron máquinas de supervivencia para vivir en ellas. Las primeras máquinas de supervivencia consistían, probablemente, nada más que en una capa protectora.

Ahora, abundan en grandes colonias, a salvo dentro de gigantescos y lerdos robots, encerrados y protegidos del mundo exterior, comunicándose con él por medio de rutas indirectas y tortuosas, manipulándolo por control remoto. Se encuentran en ti y en mí; ellos nos crearon, cuerpo y mente; y su preservación es la razón última de nuestra existencia. Aquellos replicadores han recorrido un largo camino. Ahora se les conoce con el término de genes, y nosotros sus máquinas de supervivencia. ” p. 15, 19, 21-22, 24-25

Somoel gen egoístas máquinas de supervivencia , vehículos autómatas programados a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes. Esta es una realidad que aún me llena de asombro. A pesar de que lo sé desde hace años, me parece que nunca me podré acostumbrar totalmente a la idea.

I. ¿POR QUÉ EXISTE LA GENTE?

La vida inteligente sobre un planeta alcanza la mayoría de edad cuando resuelve el problema de su propia existencia. Si alguna vez visitaran la Tierra criaturas superiores procedentes del espacio, la primera pregunta que formularán, con el fin de valorar el nivel de nuestra civilización, será: «¿Han descubierto, ya, la evolución?» … fué Darwin quien formuló una relación coherente y valedera del por qué existimos.

El propósito de este autor es examinar la biología del egoísmo y del altruismo.

El planteamiento del presente libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes.

Argumentaré que una cualidad predominante que podemos esperar que se encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta del gen dará, normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano.

Por mucho que deseemos creer de otra manera, el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución.

Este libro demostrará que tanto el egoísmo individual como el altruismo individual son explicados por la ley fundamental que yo denomino egoísmo de los genes.

Defenderé la tesis de que la unidad fundamental de selección, y por tanto del egoísmo, no es la especie ni el grupo, ni siquiera, estrictamente hablando, el individuo. Es el gen, la unidad de la herencia.

” p. VII,1-3, 8, 14