Posts etiquetados ‘Frans de Waal’

le bonobo dieux et nousLos jóvenes chimpancés son más inteligentes que los niños. Esta fue la conclusión menos traumática de un experimento en el que los científicos han mostrado un procedimiento simple a los chimpancés y a los niños.

Nuestra especie es increíblemente supersticiosa. Desarrollamos cantidad de hábitos indignos de un animal racional.

Algunos gatos parece que piensen que tendrán comida si rascan la cama, y algunos perros dan vueltas en la cocina ya que en el pasado han recibido alimentos haciéndolo.

La superstición desdibuja la frontera entre lo real y lo imaginario, como lo hacen la religión y la creencia en Dios. A cierto nivel la creencia en Dios es una certitud absoluta para muchos, pero, de alguna manera, queda siempre expuesta a la crítica. Si llamamos a la religión “fe”, es justamente porque creen en cosas que nunca han visto.

Proyectamos nuestra imaginación sobre todo lo que nos rodea. Lo hacemos en las películas, en el teatro, en la ópera, en la literatura, en la realidad virtual y, si, en la religión.”

le bonobo dieux et nousDANZAR BAJO LA LLUVIA

Las hipótesis sobre el origen de la religión son legión. El miedo a la muerte es solo una de ellas

el vino está en el corazón de muchas religiones por su milagrosa aptitud para liberar el espíritu humano.

Las ventajas de las bebidas fermentadas para la salud, y en general la preocupación por nuestra condición física, están muy presentes en las religiones primitivas. Ya que no teníamos una medicina eficaz, todas las personas podían morir de una infección menor. La gente acudió a la religión para encontrar consuelo y orar por las curas. Puede ser que tengan razón, porque la relación epidemiológica entre religiosidad y salud está bien establecida. La religión parece promover el bienestar del cuerpo y del espíritu. Pero  me apresuro a añadir que no hay ningún consenso sobre la manera como lo hace.

Durkheim, el padre francés de la sociología, destacó sobre los ritos colectivos, la música sacra y el canto al unísono, que hacen de la practica religiosa una manera irresistible de conseguir lazos afectivos. Otros han presentado Dios como una “figura de apego” que ofrece seguridad y reconforta en las situaciones de angustia. Además, numerosas religiones añaden estatuas femeninas de dulce cara indulgente. Esas fuentes maternales de consolación —de María en el cristianismo a Demetra en Gracia y a Guan Yin en China— son conocidas por aligerar nuestros grandes dolores, como lo hacen las madres con sus hijos.

Pero las “las historias del origen” de la religión no se acaban aquí. Esta también el desconcierto ante los desastres naturales que escapan a nuestro control. Esta reacción no es exclusivamente humana: demuestran las exageraciones ostentosas de los chimpancés frente a las caídas de agua  o durante los aguaceros. La primera vez que fui testigo, no podía creer lo que veían mis ojos. Los chimpancés del zoo de Arnhem estaban sentados, infelices, con su “cara de lluvia” (una expresión de disgusto, cejas bajadas y labio inferior adelantado), sobre los árboles más altos, haciendo lo imposible para estar secos. Pero cuando la lluvia se intensificó y penetró en los árboles, dos machos adultos se levantaron con el pelo erizado, y empezaron un desfile que llamamos la “fanfarronada bípeda” (que, como es fácil imaginar, les dio un aire humano un poco gánster). A grandes pasos rítmicos y ondulantes, caminaron a descubierto, fuera de su abrigo, se remojaron hasta los huesos. Se sentaron cuando la lluvia se calmó. Habiendo constatado este comportamiento varias veces después, estoy de acuerdo con los que lo califican de “danza de la lluvia”, porque es exactamente la impresión que da.

 

le bonobo dieux et nousLA VIDA Y LA MUERTE

Dorothy, una hembra chimpancé de treinta años, se murió de una crisis cardíaca en un refugio de Camerún. El personal la sacó sobre una carretilla para presentar el cuerpo. Los chimpancés, en tiempo normal ruidosos, se congregaron todos alrededor y se mantuvieron unidos los unos a los otros. Estaban, también, en silencio como nosotros estamos en un entierro.

En general, las reacciones de los grandes simios a la muerte de compañeros sugieren que les es difícil dejarlos partir (las madres pueden llevar bebés muertos durante semanas, hasta que el cadáver está desecado y momificado) : verifican el estado del cadáver, intentando reanimarlo, y son simultáneamente irritados y abatidos. Parece que comprenden que el pasaje de la vida a la muerte es irreversible.

Los humanos consideran muy a menudo la muerte como una continuación de la vida. No hay evidencia que otros animal lo haga.

Se puede afirmar sin riesgo de error, seguramente, que los grandes simios saben algunas cosas sobre la muerte, por ejemplo, que es diferente de la vida y permanente. Esto puede ser cierto también para una pequeña cantidad de otros animales, como los elefantes, que recogen el marfil o los huesos de un difunto de su rebaño, los sujetan con su trompa y se los pasan entre ellos. Ciertos paquidermos vuelven después de los años al lugar donde esta muerto un pariente con el fin de tocar e inspeccionar sus restos. ¿ El otro les falta? ¿Recuerdan su forma de ser en su vida? Es imposible de responder a tales preguntas, pero nosotros no somos los únicos de estar fascinados e intimidados por la muerte.”

Nole bonobo dieux et nous puedo imaginar alguna sociedad humana o animal sin lazos privilegiados de fidelidad. La naturaleza está está construida alrededor de la distinción entre miembros y no-miembros de nuestro grupo, familiares y no-familiares, amigos y enemigos… Los individuos que luchan por el bien global sin distinción no tienen estrictamente ningún precedente en la naturaleza. 

Tal vez podemos decir que vamos a estar mejor sin estas lealtades, y que no debemos mirar a quién beneficia o no nuestra conducta. Debemos superar nuestra biología, simplemente, para servir a una moral generalizada más perfecta. Eso puede parecer estimulante, hasta que notamos el reverso de la moneda: la pérdida de todo apego y de solidaridad de grupo. “La familia primero” no es un eslogan utilitarista. Al contrario, el utilitarismo nos demanda subordinar nuestra familia al interés general. Para mi, esto no pasa. Si todos los niños del mundo tienen exactamente el mismo valor para todos, ¿quién se quedará toda la noche en la cabecera de un niño enfermo, quien verificará si han hecho sus deberes?

para mi lazos privilegiados no son moralmente molestos, como podrían decir los utilitaristas; forman parte plenamente del tejido moral.

Al leer Kitcher, Churchland y otros filósofos, se puede ver que un movimiento alternativo está en curso: se esfuerza en anclar la moral en la biología sin negar que las formas específicas que ella toma son decididas por los genes. Esta es también mi posición. No creo que la observación de los chimpancés o de los bonobos nos pueda decir que es lo que esta bien o mal, y no pienso que la ciencia sea capaz de hacerlo, pero es seguro que el conocimiento del mundo natural nos ayuda a comprender cómo y por qué hemos llegado a preocuparnos los unos de los otros y apuntar resultados morales. Lo hacemos porque nuestra supervivencia depende de nuestras buenas relaciones y de una sociedad donde todo el mundo coopera. Las leyes morales no son mas que aproximaciones, metáforas puede ser, del comportamiento deseable.

 

Chrle bonobo dieux et nousistopher Ryan et Cacilda Jethá en su libro Sex et Dawn (En el principio era el sexo), escogen —no sin provocación— el bonobo como modelo ancestral de la vida sexual humana. En un capítulo titulado “¿Quienes son tus papás?”, explican que, en ciertas culturas, está en el interés del niño tener varios padres. Su razonamiento se funda en los trabajos pioneros de Sara Hrdy, que ha mostrado el valor de las familias multiparentales para la supervivencia, y reanudó su rechazo del dogma de que los hombres  sólo se ocupan de los niños que están seguros de ser sus padres. Algunas tribus practican la “paternidad divisible”, donde el feto que crece se supone que es alimentado por el semen de todos los hombres con los que tiene relaciones una mujer. Cada padre potencial reivindica una parte y debe contribuir a la educación del niño. Este acuerdo, que es común en las tribus de las tierras bajas de América del Sur, garantiza el sostén de los niños en un medio ambiente donde la mortalidad de los hombres es elevada, implica una menor exclusividad sexual. Las elecciones sexuales de una mujer fuer del matrimonio son respetadas y no castigadas. El día de la boda, les dicen a los nuevos esposos que cuiden a sus niños, pero también se les pide a cada uno de ellos de controlar sus celos hacia los amantes del otro.”

 

Chris Boehmle bonobo dieux et nous, antropólogo americano que ha estudiado a la vez a los humanos y a los grandes simios, analizó con perspicacia la manera en que las comunidades de cazadores-recolectores hacen para conseguir que se respeten las reglas. Estima  que ello puede conducir a una selección genética activa, parecida a la que que lleva a los agricultores a escoger a los animales basándose en su apariencia y su temperamento. Algunos son autorizados a reproducirse, otros no. No es que los cazadores-recolectores hayan reflexionado en términos de genética humana, pero, aislando o matando aquellos que violan muchas reglas o que se saltan una regla muy importante, apartan un buen de genes de la reserva genética. Se llega, explica Boehm, que los criminales violentos o los desviados peligrosos deben ser eliminados por un miembro de la comunidad que ha recibido por misión la de lanzarle una flecha al corazón. Repetido durante millones de años, estas ejecuciones tienen una justificación moral que seguramente ha reducido el número de exaltados, de psicópatas, de tramposos y de violadores, a la vez que los genes responsables de su comportamiento.

En todas las sociedades, la moral cambia a lo largo del tiempo: los problemas imperiosos de hoy no habían causado interés en las generaciones precedentes. Tenemos un buen ejemplo con la sexualidad. Las tribus celtas que encontraron los Romanos cuando invadieron Europa del Norte estaban gobernadas, dicen, por reinas que practicaban el amor libre con unas costumbres sexuales escandalosas, al menos a los ojos de los patriarcas que siguieron. ”

 

le bonobo dieux et nousRetorno a mi análisis sobre la moral desde abajo, que pone las emociones en el control. Postula que la moral tiene dos niveles fundamentales: uno concierne las relaciones interpersonales y otro la comunidad. El primer nivel es el que he bautizado “moral mano a mano”: significa que uno comprende el impacto que nuestro comportamiento tiene sobre el otro. Es un nivel que compartimos con otros animales sociales, que desarrollan inhibiciones y códigos de conducta similares. Violarlos crea la discordia, es por lo que sentimos la obligación, el “deber”, de tomar en cuenta los intereses de los otros. La fuente de este deber no es el razonamiento, aunque no es difícil encontrar razones por las que otros se opondrían si eran desatendidas, o porque un chimpancé macho castigará a un rival más joven que pulula alrededor de una hembra. Estas relaciones son enteramente emocionales: son los celos de un macho contra otro, o el sentimiento que para estar rodeado de amigos mejor actuar como amigo. Pero la moral mano a mano es bastante estrecha. Es necesario un segundo nivel, que yo llamo preocupación por la comunidad. Sin negar los intereses personales, adquiere un ascenso radical, ya que su objetivo es la armonía en el seno de la comunidad tomada globalmente. Este es el nivel en el que la moral humana empieza a distanciarse de todo lo que hemos podido encontrar hasta aquí, incluso si ciertos animales formas rudimentarias de preocupación por la comunidad.

Ya he explicado el papel de guardián de la paz de Phineas y de otros primates de alto rango, que cesan los combates entre los otros. Esta acción de “policía” imparcial se conoce también entre los chimpancés en el medio natural,

La preocupación por la comunidad entre los humanos está motivada por el interés bien entendido. Luchamos por una totalidad que funciona bien es por esto que podemos prosperar. Si veo un ladrón entrar en una casa de mi calle, aunque no sea la mía y aun que no me concierna, seguiré las reglas de la sociedad y llamaré a la policía.