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Hace un par de años, el ADN neandertal estuvo a punto de resucitar cerca de una playa de Barcelona, 40.000 años después de la extinción de esta especie humana. El biólogo Carles Lalueza-Fox (Barcelona, 1965) intentó insertar un gen neandertal, presuntamente relacionado con una mayor cantidad de pelo, en un ratón. Pero el experimento, realizado en el Instituto de Biología Evolutiva, se canceló tras unos primeros resultados decepcionantes. El ratón con melena de humano neandertal nunca llegó a existir. El investigador del CSIC está volcado ahora con otros proyectos. Lalueza-Fox, uno de los principales expertos del mundo en ADN antiguo, acaba de presentar un estudio que muestra que los humanos modernos y los neandertales ya practicaban sexo y tenían hijos juntos hace más de 100.000 años. En aquella época, coexistían en la Tierra al menos cinco especies humanas diferentes: Homo sapiens, neandertales, Homo floresiensis, Homo erectus y denisovanos. Todo apunta a que fornicaban entre ellas sin muchos remilgos cuando se encontraban en un mismo territorio. Y esta orgía planetaria que empieza a conocerse obliga a redefinir el concepto de humanidad.

Origen: “Nuestro sexo con otras especies era recurrente” | Ciencia | EL PAÍS

Hace algo más de treinta años, cuando científicos como el sueco Svante Pääbo comenzaron a recuperar el material genético de seres vivos muertos hace miles de años, se abrió una puerta de acceso a una parte de la historia que parecía desaparecida para siempre. Además de proporcionar información sobre algunos de sus rasgos físicos, como el pelo rojo de los neandertales, o la intolerancia a la lactosa de Ötzi, el hombre de los hielos, el ADN antiguo está ayudando a entender los movimientos migratorios y las probables penurias de nuestros ancestros.

Esta semana, un equipo liderado por Johannes Krause, director del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Jena (Alemania), ha anunciado los resultados del análisis genético de 35 individuos que vivieron entre hace 35.000 y 7.000 años en Francia, Alemania, Bélgica, Italia, la República Checa y Rumanía. En aquel periodo, los pequeños grupos de Homo sapiens que habían llegado a Europa milenios antes procedentes de África se estaban convirtiendo en la especie humana dominante ante la decadencia neandertal. Pero tampoco tenían una vida fácil. El último máximo glacial, que comenzó hace unos 25.000 años y mantuvo medio mundo congelado durante más de 60 siglos, obligó a muchos de estos grupos a refugiarse en el sur del continente. No se sabe quienes eran ni de dónde llegaron los humanos que los reemplazaron

En esas posiciones de resistencia, las poblaciones se redujeron y se produjo lo que se conoce como un cuello de botella genético, que queda registrado como una reducción de la diversidad de las poblaciones. Una de las consecuencias de aquellos sufrimientos se observa en el estudio que hoy se publica en la revista Current Biology. El análisis del ADN mitocondrial de tres individuos que vivieron en lo que hoy son Bélgica y Francia antes de que comenzase el periodo más gélido de la glaciación muestra que pertenecían al haplogrupo M, un linaje humano que hoy es común en Asia o las poblaciones de nativos americanos, pero ha desaparecido de Europa. Este hallazgo sustentaría la hipótesis de que todos los humanos no africanos surgieron a partir de una única y rápida migración que comenzó hace unos 50.000 años.

Origen: El misterio de los europeos extinguidos tras el final de la glaciación | Ciencia | EL PAÍS

Una de las teorías clave sobre el pasado de nuestra especie, la que atribuye la primera cultura de la piedra a la evolución del género Homo, necesita una revisión a fondo. Unos 150 artefactos de piedra recién descubiertos en Kenia han sido datados en 3,3 millones de años atrás, unos 700.000 años antes de la aparición de nuestro género. Como las herramientas no han aparecido junto a restos fósiles, la identidad de su autor se desconoce, pero el único homínido que andaba por allí en la época era el horrísono Kenyanthropus platyops, una enigmática mezcla con rasgos de australopiteco y humano moderno.

El cuadro de la evolución humana es bastante simple a grandes rasgos: nuestro linaje y el de los chimpancés se separaron hace seis millones de años; luego se suceden, coexisten y se extinguen varias especies de australopitecos; y finalmente, hace unos 2,5 millones de años, aparecen los nuestros, el género Homo, con un cráneo más grande y unos fósiles asociados a las primeras herramientas de piedra tallada. O eso se creía.

vía Las herramientas de piedra más antiguas no son humanas | Ciencia | EL PAÍS.

genes, pueblos y lenguasLas etapas de la colonización del mundo por parte del hombre moderno

Cuando el hombre moderno salió de África, probablemente entró primero en Asia. Hace 100,000 años es la fecha aproximada para la ocupación de Oriente Próximo. Pero ¿cómo llegó a la parte oriental de Asia? Pudo recorrer la costa de Arabia, y luego la de la India, hasta el sureste asiático. Desde allí el camino se ramifica; hacia el sur, a Nueva Guinea y Australia, y hacia el norte, a China, Japón y por último Beringia y América.

La separación entre el sureste asiático y Australia se puede remontar, pues, a 60.000 años atrás.

La entrada en Europa, probablemente a través de Asia occidental, es algo anterior a la desaparición del neandertal, y data de unos 40.000 años. La entrada en América, sin duda desde el noroeste asiático a través de Alaska, es la más difícil de datar. Los científicos sugieren fechas muy distintas para la primera entrada en América, que van de 15.000 años a 30.000 e incluso 50.000.

Continentes Distancia genética Primera fecha de ocupación (miles de años)
África-Asia 206 100
Asia-Australia 101 55
Asia-Europa 97 43
Asia-América 89 15-50

 

Las tres primeras distancias genéticas corresponde más o menos al doble de la fecha de ocupación; la media de las tres proporciones: distancia genética dividida por el tiempo de evolución (2,02; 184; 2,26) es 2,05. En lo que se refiere a América, las fechas no son satisfactorias, pero 15.000 años parecen demasiado pocos. De acuerdo con la proporción 2,05 de los primeros tres valores, la fecha de entrada en América se puede calcular en 89/2,05 = 43.000 años. Conviene puntualizar que probablemente la distancia entre los amerindios y los asiáticos que se recoge en el cuadro es demasiado grande, ya que se basa en los análisis de toda Asia, mientras solo participó Asia oriental. Sería mejor tomar en consideración la distancia entre los asiáticos del este y los amerindios, más pequeña (igual a 66/2,06 = 32.000 años.

Hasta ahora nuestro árbol no plantea problemas; las fechas de ocupación de los continentes están de acuerdo con las distancias genéticas observadas.”

 

 

genes, pueblos y lenguasEl cerebro humano aumentó continuamente hasta Homo sapiens, hace unos 300.000 años, cuando su crecimiento,  juzgar por las dimensiones del cráneo, se detuvo... Conocemos bien la diferencia entre nosotros y nuestros vecinos más cercanos en la evolución, los grandes simios. La innovación importante que distingue al hombre de estos primos lejanos fue la comunicación, posibilitada por un lenguaje, bastante rico y refinado.

No existen lenguas “primitivas”; las 5000 que hoy existen en la Tierra son igual de ricas, por lo menos en potencia. Cualquier persona dotada de una inteligencia normal… puede aprender perfectamente cualquier lengua, si lo hace a una edad lo bastante temprana. Pero los niños que han pasado sus primeros cuatro, cinco o seis años sin aprender ninguna, por falta de enseñanza, ya no pueden alcanzar el conocimiento perfecto de ninguna, cualquiera que sea. Si la enseñanza empieza aún más tarde puedes ser incapaces de articular palabra. Todo esto no tiene nada que ver con el estudio de un segundo idioma, que se puede aprender a cualquier edad, después de dominar la lengua materna. Solo hay una limitación en el aprendizaje de una segunda lengua: después de la pubertad, a casi todos les resulta muy difícil aprender a pronunciar sonidos de la lengua extranjera que no existen en la suya. He aquí una buena razón para introducir la enseñanza de lenguas extranjeras en primaria y secundaria. Por desgracia, la mayoría de los gobiernos hacen caso omiso de esta regla casi absoluta.”

 

 

La evolución actúa como MacGyver, un tipo capaz de construir artefactos con los que derrotar a un ejército aprovechando los adminículos que se pueden encontrar en una ferretería de pueblo. Como el agente especial que protagonizaba la serie de los ochenta, la selección natural toma las herramientas que tiene a mano y les da nuevos usos. Un ejemplo son las plumas, que funcionaban como un sistema de climatización para los dinosaurios y acabaron sirviendo para volar. Otra muestra de la forma de operar de la naturaleza son las manos humanas. Con un pulgar enfrentado al resto de dedos, permiten manejar con precisión desde puntas de lanza hasta pinceles y se consideran un paso fundamental en el proceso de humanización. Sin embargo, como mostraba un estudio reciente, nuestros ancestros tenían manos modernas mucho antes de que sus cerebros fuesen capaces de utilizarlas para crear tecnología. Es posible que aquellas herramientas resultasen ya útiles para hurgar en el tronco de los árboles en busca de comida o recolectar raíces, y después, cuando la aparición de una mente más compleja lo hizo posible, se acabasen empleando para tareas más sofisticadas.

Nuestro cerebro, como otras partes del cuerpo, también es un collage de piezas heterogéneas que resultaron útiles en algún momento de la historia evolutiva o, al menos, no fueron tan nocivas como para ser descartadas. Ese gusto por el reciclaje ha tomado un nuevo significado cuando se trata del cerebro de una especie como la humana, que a través de la cultura ha reformulado las reglas de la evolución.

Leer más en: El cerebro humano es una máquina hecha con piezas recicladas | Ciencia | EL PAÍS.

genes, pueblos y lenguas“Vivo en California desde hace 25 años, pero todavía tengo que hacer un esfuerzo para recordad que aquí la enseñanza de la teoría de la evolución no es libre. La informática avanza a gran velocidad, se construyen los aviones más sofisticados del mundo, pero un gran sector de la población todavía aprende la historia de la humanidad a partir de una interpretación literal de la Biblia.

La fe religiosa puede hacer que el hombre afronte cualquier sacrificio, incluyendo el de su vida y sus propias ideas. La probabilidad de convertir a un creyente fundamentalista a la teoría de la evolución me parece demasiado pequeña como para que valga la pena dedicarle algún esfuerzo, por lo menos aquí. Por lo tanto, partiremos de la base de que ha habido evolución y de que todas las personas sin prejuicios aceptan esta idea sin problemas.

Quién es el hombre moderno

El análisis de la diferencia de mutaciones acumuladas entre dos especies permite calcular el tiempo evolutivo que las separa; este modo de reconstruir los tiempos de evolución se denomina reloj molecular. Nos ha revelado que hay que volver atrás por lo menos 5 millones de años para encontrar un antepasado común del hombre y nuestro primo más cercano el chimpancé.

El primer antepasado que se considera digno de pertenecer al género Homo tiene más o menos 2,5 millones de años (H. habilis). Fabricaba instrumentos de piedra muy primitivos, era completamente bípedo, tenía la cabeza más grande que sus inmediatos predecesores o los grandes simios actuales, pero aún más pequeña comparada con la nuestra. No hay discrepancias significativas sobre el hecho de que se desarrolla en África, donde le siguió el Homo erectus. Este último fue el primer antepasado que empezó a explorar y a ocupar todo el Antiguo Mundo. Se creía que esta expansión se produjo hace 1 millón de apños, pero los descubrimientos recientes tienden a retrasar esta fecha a unos 2 millones de años atrás. El cráneo de Homo erectus e más grande que el de sus predecesores, pero el volumen semejante al nuestro solo se alcanza con la última especie, Homo sapiens. Al principio, los rasgos de Homo sapiens aún eran un poco simiescos, y solo hace 100.000 años aparecieron cráneos que se podrían confundir con los actuales. El primer hombre anatómicamente moderno ha sido descrito en el sur y el este de África, donde la geología volcánica ha favorecido casi todos los hallazgos paleoantropológicos importantes.