Posts etiquetados ‘La evolución de la libertad’

MUNDOS POSIBLES

Tanto en nuestras reflexiones cotidianas sobre lo que vamos a hacer a continuación como en nuestro pensamiento científico más riguroso en relación con las causas de los fenómenos, empleamos conceptos de necesidad, posibilidad y causalidad que son estrictamente neutrales respecto a la cuestión de si la verdad está del lado del determinismo o del indeterminismo.” Pág. 84

 

 

LA PLUMA MÁGICA DE DUMBO Y EL PELIGRO DE PAULINA

Trataré de demostrar que algunas de nuestras ideas tradicionales sobre la libertad están simplemente equivocadas; más aún, que son contraproducentes y ponen serios problemas al futuro de la libertad en este planeta. Por ejemplo, una comprensión realista de la libertad puede clarificar algunas de nuestras ideas sobre la culpa y el castigo, y calmar alguna de nuestras inquietudes respecto a lo que llamo el Espectro de la Exculpación. (¿Va a demostrar la ciencia que nadie merece un castigo? ¿O un elogio, por la misma razón?) También puede ayudar a revaluar el papel que debe desempeñar la educación moral, y tal vez explicar incluso el importante papel que en el pasado han desempeñado las ideas religiosas para el sostenimiento de la moral dentro de la sociedad, un papel que ya no puede ser debidamente desempeñado por las ideas religiosas, pero que no podemos eliminar por completo sin correr un grave riesgo. Si nos aferramos a nuestros mitos, si no nos atrevemos a buscarles sustitutos científicamente contrastados, que ya tenemos a nuestra disposición, nuestros días de vuelo están contados. La verdad realmente os hará libres.

 

 

EL AIRE QUE RESPIRAMOS

La libertad es como el aire que respiramos, y está presente en casi todos nuestros proyectos, pero no solo no es eterna, sino que es fruto de la evolución, y sigue evolucionando. La atmósfera de nuestro planeta evolucionó hace cientos de miles de años como resultado de las actividades de ciertas formas sencillas de vida terrestre, y continúa evolucionando hoy e respuesta a las actividades de los miles de millones de formas de vida más complejas cuya existencia ha hecho posible. La atmósfera de la libertad es otro tipo de entorno. Es una atmósfera que nos envuelve, nos abre posibilidades, configura nuestras vidas, una atmósfera conceptual de acciones intencionales, planes, esperanzas y promesas… y de culpas, resentimientos, castigos y honores. Todo crecemos en esta atmósfera conceptual, y aprendemos a conducir nuestras vidas en los términos que ella determina. Parece ser una construcción estable y ahistórica, tan eterna e inmutable como la aritmética, pero no lo es. Ha evolucionado como un producto reciente de las interacciones humanas, y algunas actividades humanas que se han desarrollado gracias a ella podrían amenazar también con perturbar su estabilidad futura, o incluso acelerar su desaparición. No hay garantía de que la atmósfera del planeta dure para siempre, como tampoco la hay de que lo haga nuestra libertad.

Hay quién dice que la libertad ha sido siempre una ilusión, un sueño precientífico del que apenas comenzamos a despertar. Nunca hemos sido realmente libres, y nunca podríamos haberlo sido. Pensar que hemos sido libres ha sido, en el mejor de los casos, una ideología que nos ha ayudado a configurar y a hacer más fáciles nuestras vidas,

Tal vez haya dos tipos de personas normales (dejando a un lado las que están verdaderamente incapacitadas y no pueden en ningún caso ser libres porque están en como o sufren un trastorno mental): aquellas que no creen en la libertad y por ello mismo no son libres, y aquellas que creen en la libertad y por ello mismo son libres. ¿Es posible que  “el poder del pensamiento positivo”. o algo por el estilo, sea lo bastante grande como para marcar la diferencia crucial?

la libertad es real, pero no es una condición previamente dada de nuestra existencia, como la le de la gravedad. Tampoco es lo que la tradición pretende que es: un poder cuasi divino para eximirse del entramado de causas del mundo físico. Es una creación evolutiva de la actividad y las creencias humanas, y es tan real como las demás creaciones humanas, como la música o el dinero. Y es incluso más valiosa. Desde esta perspectiva evolutiva, el problema tradicional de la libertad se resuelve en una serie de cuestiones en buena medida por explorar, cada una de las cuales tiene su importancia a la hora de iluminar los problemas serios relacionados con la libertad; sin embargo, solo podemos emprender este renovado examen una vez que hayamos corregido los errores en los que han caído los planteamientos tradicionales.”

 

 

nuestras mentes no son otra cosa que lo que hacen nuestros cerebros, sin ninguna intervención milagrosa, y los talentos de nuestros cerebros son necesariamente el fruto de la evolución, igual que cualquier otra maravilla de la naturaleza.


Descubrir lo que somos

Somos un ensamblaje de unos cien billones de células de miles de tipos distintos. La mayor parte de estas células son “hijas” de la célula-óvulo y la célula-esperma, cuya unión dio inicio a nuestra existencia, pero en realidad se ven superadas en número por los billones de autoestopistas bacterianos de miles de cepas distintas almacenados en nuestro cuerpo (Hooper y otros 1998). Cada una de nuestras células hospedadoras es un mecanismo inconsciente, un microrobot en buena mediada autónomo No es más consciente de lo que puedan serlo sus invitados bacterianos. Ni una sola de las células que nos componen sabe quién somos, ni les importa.

Solo una especie, la nuestra, desarrolló evolutivamente otro truco: el lenguaje. Este ha supuesto para nosotros una autopista abierta hacia la posibilidad de compartir conocimiento, en todos los órdenes. La conversación nos une, a pesar de nuestros distintos idiomas. Cualquiera de nosotros puede llegar a saber mucho sobre cómo es ser pescador vietnamita o un taxista búlgaro, una monja de 80 años o un niño de 5 años ciego de nacimiento, un maestro de ajedrez o una prostituta.

Ahora, por primera vez en millones de años de historia, nuestro planeta está protegido por centinelas capaces de ver a gran distancia, capaces de anticipar peligros en un futuro lejano —un cometa en curso de colisión, o el calentamiento global— y diseñar planes para darles respuesta. El planeta ha desarrollado finalmente su sistema nervioso: nosotros.

Las innovaciones de la ciencia —no solo sus microscopios, telescopios y ordenadores, sino su compromiso con la razón y la evidencia empírica— constituyen los nuevos órganos sensibles de nuestra especie, que nos permiten responder preguntas, resolver misterios y anticipar el futuro de modos a los que ninguna institución humana pretérita puede siquiera acercarse.”