Posts etiquetados ‘La evolución’

Cada año, cientos de estudiantes de biología en EE UU se ponen en pie y le cantan a un bicho marino parecido a un filete de anchoa. “Hay un largo camino desde el anfioxo. Hay un largo camino hasta nosotros […]. Es un adiós a las aletas y a las branquias, y es una bienvenida a los pulmones y al pelo. Hay un largo, largo camino desde el anfioxo, pero todos venimos de allí”, proclama la letra, compuesta en 1921 sobre una melodía de music hall popularizada por el Ejército Británico durante la Primera Guerra Mundial.

¿Qué diablos es ese bicho del que supuestamente todos venimos y al que se canta desde hace casi un siglo? “Es un cefalocordado marino parecido a un gusano. Y es el animal invertebrado vivo más parecido al ancestro de todos los vertebrados”, explica José Luis Gómez-Skarmeta, investigador del CSIC en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Su equipo publica hoy un estudio que ilumina ese largo trecho desde el anfioxo hasta los seres humanos. Nuestro último ancestro común vivió hace 550 millones de años.

Casi cualquier persona puede intentar coger un anfioxo en su playa más cercana. Aparecen en aguas templadas y poco profundas, semihundidos en la arena. “Son, básicamente, como un vertebrado sin cabeza y sin extremidades”, resume Gómez-Skarmeta. La canción de 1921 da más claves sobre su importancia, a costa de sacrificar sus posibilidades de convertirse en el éxito del verano: “No tiene ojos ni mandíbula, ni cuerda nerviosa ventral [típica de los invertebrados]. Pero tiene un montón de hendiduras branquiales y una notocorda”. La letra no es precisamente pegadiza, pero es reveladora. En los humanos, la notocorda aparece cuando somos embriones, para ser posteriormente sustituida por nuestra columna vertebral. Contemplar al anfioxo es como ver una fotografía de la tatarabuela y darnos cuenta de que tenemos la misma nariz.

Origen: Evolución: Así dejamos de ser invertebrados | Ciencia | EL PAÍS

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FotoDebemos a Darwin la noción de una evolución basada en la lucha y el egoísmo, en la “naturaleza roja en diente y garra” que cristalizó en el perdurable verso de Tennyson; y desde los diabéticos de la isla de Nauru en la Polinesia hasta los gorilas montañosos del oriente africano confirman cada día ese mecanismo evolutivo ciego y cruel como un algoritmo psicópata. Pero hoy sabemos que hay otros caminos basados menos en la competición que en la colaboración, menos en la muerte que en la innovación. Estas estrategias no ganan al peso, pero han protagonizado algunas de las invenciones más raudas y brillantes de la historia de la vida.

Toby Kiers, de la Universidad de Vrije en Holanda, y Stuart West, de la de Oxford en Reino Unido, revisan ahora en Science las evidencias sobre nuevas especies generadas por simbiosis, o a partir de la asociación oportunista de dos especies preexistentes, cada una aportando a la sociedad unos talentos muy convenientes para la coyuntura que les toque en ese momento. La biología ha identificado casos de todo el proceso que lleva a dos especies separadas por miles de millones de años de evolución a formar una especie única con lo mejor de dos mundos.

Hoy sabemos que la evolución usa otros caminos basados menos en la competición y más en la colaboración

“Las asociaciones simbióticas son una importante fuente de innovación evolutiva”, explican los científicos. “Han dirigido diversificaciones rápidas de los organismos, han permitido a los huéspedes emplear nuevas formas de energía, y han modificado radicalmente los ciclos de nutrientes de la Tierra”. La evolución de nuevas especies por simbiosis es un fenómeno relativamente infrecuente, pero tiende a producir invenciones brillantes y veloces, al menos según las parsimoniosas escalas de los geólogos y paleontólogos.

vía La otra evolución de las especies | Ciencia | EL PAÍS.

genes, pueblos y lenguasEl cerebro humano aumentó continuamente hasta Homo sapiens, hace unos 300.000 años, cuando su crecimiento,  juzgar por las dimensiones del cráneo, se detuvo... Conocemos bien la diferencia entre nosotros y nuestros vecinos más cercanos en la evolución, los grandes simios. La innovación importante que distingue al hombre de estos primos lejanos fue la comunicación, posibilitada por un lenguaje, bastante rico y refinado.

No existen lenguas “primitivas”; las 5000 que hoy existen en la Tierra son igual de ricas, por lo menos en potencia. Cualquier persona dotada de una inteligencia normal… puede aprender perfectamente cualquier lengua, si lo hace a una edad lo bastante temprana. Pero los niños que han pasado sus primeros cuatro, cinco o seis años sin aprender ninguna, por falta de enseñanza, ya no pueden alcanzar el conocimiento perfecto de ninguna, cualquiera que sea. Si la enseñanza empieza aún más tarde puedes ser incapaces de articular palabra. Todo esto no tiene nada que ver con el estudio de un segundo idioma, que se puede aprender a cualquier edad, después de dominar la lengua materna. Solo hay una limitación en el aprendizaje de una segunda lengua: después de la pubertad, a casi todos les resulta muy difícil aprender a pronunciar sonidos de la lengua extranjera que no existen en la suya. He aquí una buena razón para introducir la enseñanza de lenguas extranjeras en primaria y secundaria. Por desgracia, la mayoría de los gobiernos hacen caso omiso de esta regla casi absoluta.”

 

 

EL AIRE QUE RESPIRAMOS

La libertad es como el aire que respiramos, y está presente en casi todos nuestros proyectos, pero no solo no es eterna, sino que es fruto de la evolución, y sigue evolucionando. La atmósfera de nuestro planeta evolucionó hace cientos de miles de años como resultado de las actividades de ciertas formas sencillas de vida terrestre, y continúa evolucionando hoy e respuesta a las actividades de los miles de millones de formas de vida más complejas cuya existencia ha hecho posible. La atmósfera de la libertad es otro tipo de entorno. Es una atmósfera que nos envuelve, nos abre posibilidades, configura nuestras vidas, una atmósfera conceptual de acciones intencionales, planes, esperanzas y promesas… y de culpas, resentimientos, castigos y honores. Todo crecemos en esta atmósfera conceptual, y aprendemos a conducir nuestras vidas en los términos que ella determina. Parece ser una construcción estable y ahistórica, tan eterna e inmutable como la aritmética, pero no lo es. Ha evolucionado como un producto reciente de las interacciones humanas, y algunas actividades humanas que se han desarrollado gracias a ella podrían amenazar también con perturbar su estabilidad futura, o incluso acelerar su desaparición. No hay garantía de que la atmósfera del planeta dure para siempre, como tampoco la hay de que lo haga nuestra libertad.

Hay quién dice que la libertad ha sido siempre una ilusión, un sueño precientífico del que apenas comenzamos a despertar. Nunca hemos sido realmente libres, y nunca podríamos haberlo sido. Pensar que hemos sido libres ha sido, en el mejor de los casos, una ideología que nos ha ayudado a configurar y a hacer más fáciles nuestras vidas,

Tal vez haya dos tipos de personas normales (dejando a un lado las que están verdaderamente incapacitadas y no pueden en ningún caso ser libres porque están en como o sufren un trastorno mental): aquellas que no creen en la libertad y por ello mismo no son libres, y aquellas que creen en la libertad y por ello mismo son libres. ¿Es posible que  “el poder del pensamiento positivo”. o algo por el estilo, sea lo bastante grande como para marcar la diferencia crucial?

la libertad es real, pero no es una condición previamente dada de nuestra existencia, como la le de la gravedad. Tampoco es lo que la tradición pretende que es: un poder cuasi divino para eximirse del entramado de causas del mundo físico. Es una creación evolutiva de la actividad y las creencias humanas, y es tan real como las demás creaciones humanas, como la música o el dinero. Y es incluso más valiosa. Desde esta perspectiva evolutiva, el problema tradicional de la libertad se resuelve en una serie de cuestiones en buena medida por explorar, cada una de las cuales tiene su importancia a la hora de iluminar los problemas serios relacionados con la libertad; sin embargo, solo podemos emprender este renovado examen una vez que hayamos corregido los errores en los que han caído los planteamientos tradicionales.”

 

 

nuestras mentes no son otra cosa que lo que hacen nuestros cerebros, sin ninguna intervención milagrosa, y los talentos de nuestros cerebros son necesariamente el fruto de la evolución, igual que cualquier otra maravilla de la naturaleza.


Descubrir lo que somos

Somos un ensamblaje de unos cien billones de células de miles de tipos distintos. La mayor parte de estas células son “hijas” de la célula-óvulo y la célula-esperma, cuya unión dio inicio a nuestra existencia, pero en realidad se ven superadas en número por los billones de autoestopistas bacterianos de miles de cepas distintas almacenados en nuestro cuerpo (Hooper y otros 1998). Cada una de nuestras células hospedadoras es un mecanismo inconsciente, un microrobot en buena mediada autónomo No es más consciente de lo que puedan serlo sus invitados bacterianos. Ni una sola de las células que nos componen sabe quién somos, ni les importa.

Solo una especie, la nuestra, desarrolló evolutivamente otro truco: el lenguaje. Este ha supuesto para nosotros una autopista abierta hacia la posibilidad de compartir conocimiento, en todos los órdenes. La conversación nos une, a pesar de nuestros distintos idiomas. Cualquiera de nosotros puede llegar a saber mucho sobre cómo es ser pescador vietnamita o un taxista búlgaro, una monja de 80 años o un niño de 5 años ciego de nacimiento, un maestro de ajedrez o una prostituta.

Ahora, por primera vez en millones de años de historia, nuestro planeta está protegido por centinelas capaces de ver a gran distancia, capaces de anticipar peligros en un futuro lejano —un cometa en curso de colisión, o el calentamiento global— y diseñar planes para darles respuesta. El planeta ha desarrollado finalmente su sistema nervioso: nosotros.

Las innovaciones de la ciencia —no solo sus microscopios, telescopios y ordenadores, sino su compromiso con la razón y la evidencia empírica— constituyen los nuevos órganos sensibles de nuestra especie, que nos permiten responder preguntas, resolver misterios y anticipar el futuro de modos a los que ninguna institución humana pretérita puede siquiera acercarse.”

 

 

Cladogramas: Ilustrando el parentesco evolutivo

Por: Ferney Yesyd Rodríguez

¿Qué es un cladograma?

Un cladograma es un diagrama que permite representar el parentesco evolutivo entre las especies. Este se parece a un árbol genealógico en que la base del árbol representa un antepasado común para los organismos o grupos ubicados al final de las ramas. Cuando hay una ramificación en un linaje esta se representa con una nueva rama. Todos los descendientes de esta nueva rama comparten un mismo ancestro y están más cercanos entre si que con los descendientes de otras ramas. Cada cladograma por representar las relaciones evolutivas entre un grupo de seres vivos se considera una teoría científica.

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Leer más en: Cladogramas: Ilustrando el parentesco evolutivo – Sin Dioses : Ciencias de los Orígenes.

Autor: Pablo Herreros 1 April 2011

Una de las cuestiones más interesantes en la evolución es si somos por naturaleza jerárquicos o igualitarios. El director del Departamento de Primatología del Instituto Max Planck, en Leipzig, Christophe Boesch, cree que aunque pensamos que la democracia nació en Atenas en su forma más primitiva y, en su versión más actual, hace doscientos años en América, esta particular manera de entender la organización social surgió hace mucho más tiempo, probablemente en las profundidades de la selva.

Por ejemplo, a pesar de que la jerarquía de los chimpancés es de tipo lineal, en el día a día, la puesta en práctica y las dinámicas sociales del reparto del poder son mucho más complejas. Cuando un líder es expulsado de su puesto normalmente se debe a una alianza entre varios miembros de la que saldrá el nuevo líder, dando inicio a un nuevo proceso de formación de coaliciones. Es decir, el comportamiento despótico de los chimpancés tiene unos límites que vienen impuestos por distintos contrapoderes del grupo.

En otros casos, también es posible que las hembras de primates no humanos neutralicen el poder y el control del macho dominante mediante la unión de sus fuerzas. Esto es  algo que no suele ocurrir en sociedades humanas como la nuestra, en la que las hembras, al tener que emigrar del grupo de sus padres, pierde la posibilidad de crear alianzas con otras hembras emparentadas.

Pero para Boesch, los humanos eran igualitarios miles de generaciones antes de que las sociedades con jerarquías estrictas aparecieran. Su hipótesis es que la igualdad no nace de la mera ausencia de jerarquía, sino que se basa en un tipo especial de la misma, fundamentada sobre tendencias antijerárquicas que los grandes simios poseemos. El mecanismo consiste en que el poder se iguala a través del equilibrio de muchas partes que hacen imposible que ninguno monopolice una cuota de poder excesiva como para provocar la inestabilidad del grupo.

Aunque es cierto que muchos lectores pensarán en alguna de las varias decenas de dictaduras que existen en la actualidad repartidas por todo el planeta, algunos historiadores creen que solo representa la dinámica de los últimos 10.000-12.000 años. Ello lo creen porque antes de esas fechas, de acuerdo a las ideas de varios científicos, los seres humanos éramos igualitarios.

Según el politólogo de la Universidad de Emory, Bruce Knauft, “los humanos vivíamos en sociedades de iguales, con una concentración del poder mínima y sin clases sociales. Todos participaban en las decisiones del grupo y fuera de la familia, no había nadie dominante”. Por tanto, la organización política frecuente en el paleolítico superior era ya de tipo igualitario por entonces.

En el siglo XIX, el antropólogo británico, Lewis Morgan, estudió varias sociedades tradicionales con estructuras igualitarias y encontró varios elementos en común. Los resultados, aunque hay que interpretarlos con todas las cautelas -ya que estas comunidades no se tratan de fósiles vivos del pasado- sí pueden darnos pistas para pensar cómo se repartía el poder hace cientos de miles de años. El caso es que estos grupos locales no tenían líderes autoritarios y los individuos gozaban de una granlibertad individual. Los jefes eran débiles y se limitaban a favorecer los procesos de consenso y de toma de decisiones.

Leer más en: Somos Primates » Jerarquía en la selva.