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Pablo Herreros Ubalde

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La Operación Púnica, junto a decenas de escándalos similares, están enfureciendo a la manada. Por muy tontos que nos crean, la sociedad o “tribu” siempre está atenta. Puede que tardemos en reaccionar, pero los abusos de poder generan en nuestra especie y otras cercanas deseos de rebelión, y hasta de venganza.

Los imputados políticos no son dictadores porque han sido elegidos por la ciudadanía, pero no para cometer delitos. Cuando no tienen límites e incumplen sus funciones, a medio y largo plazo, las sociedades se une en su contra.

Las formas abusivas de gobierno terminan por unir a sectores muy diversos de la población, generando grandes coaliciones que tratan de contrarrestar los abusos de poder. Sin entrar al análisis político, el surgimiento de grupos como Manos Limpias ya hace casi 15 años, el partido político Podemos u otros de reciente creación, plataformas anti-desahucio, yayoflautas y decenas de asociaciones civiles más…

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Autor: Pablo Herreros 1 April 2011

Una de las cuestiones más interesantes en la evolución es si somos por naturaleza jerárquicos o igualitarios. El director del Departamento de Primatología del Instituto Max Planck, en Leipzig, Christophe Boesch, cree que aunque pensamos que la democracia nació en Atenas en su forma más primitiva y, en su versión más actual, hace doscientos años en América, esta particular manera de entender la organización social surgió hace mucho más tiempo, probablemente en las profundidades de la selva.

Por ejemplo, a pesar de que la jerarquía de los chimpancés es de tipo lineal, en el día a día, la puesta en práctica y las dinámicas sociales del reparto del poder son mucho más complejas. Cuando un líder es expulsado de su puesto normalmente se debe a una alianza entre varios miembros de la que saldrá el nuevo líder, dando inicio a un nuevo proceso de formación de coaliciones. Es decir, el comportamiento despótico de los chimpancés tiene unos límites que vienen impuestos por distintos contrapoderes del grupo.

En otros casos, también es posible que las hembras de primates no humanos neutralicen el poder y el control del macho dominante mediante la unión de sus fuerzas. Esto es  algo que no suele ocurrir en sociedades humanas como la nuestra, en la que las hembras, al tener que emigrar del grupo de sus padres, pierde la posibilidad de crear alianzas con otras hembras emparentadas.

Pero para Boesch, los humanos eran igualitarios miles de generaciones antes de que las sociedades con jerarquías estrictas aparecieran. Su hipótesis es que la igualdad no nace de la mera ausencia de jerarquía, sino que se basa en un tipo especial de la misma, fundamentada sobre tendencias antijerárquicas que los grandes simios poseemos. El mecanismo consiste en que el poder se iguala a través del equilibrio de muchas partes que hacen imposible que ninguno monopolice una cuota de poder excesiva como para provocar la inestabilidad del grupo.

Aunque es cierto que muchos lectores pensarán en alguna de las varias decenas de dictaduras que existen en la actualidad repartidas por todo el planeta, algunos historiadores creen que solo representa la dinámica de los últimos 10.000-12.000 años. Ello lo creen porque antes de esas fechas, de acuerdo a las ideas de varios científicos, los seres humanos éramos igualitarios.

Según el politólogo de la Universidad de Emory, Bruce Knauft, “los humanos vivíamos en sociedades de iguales, con una concentración del poder mínima y sin clases sociales. Todos participaban en las decisiones del grupo y fuera de la familia, no había nadie dominante”. Por tanto, la organización política frecuente en el paleolítico superior era ya de tipo igualitario por entonces.

En el siglo XIX, el antropólogo británico, Lewis Morgan, estudió varias sociedades tradicionales con estructuras igualitarias y encontró varios elementos en común. Los resultados, aunque hay que interpretarlos con todas las cautelas -ya que estas comunidades no se tratan de fósiles vivos del pasado- sí pueden darnos pistas para pensar cómo se repartía el poder hace cientos de miles de años. El caso es que estos grupos locales no tenían líderes autoritarios y los individuos gozaban de una granlibertad individual. Los jefes eran débiles y se limitaban a favorecer los procesos de consenso y de toma de decisiones.

Leer más en: Somos Primates » Jerarquía en la selva.

 

miniatura de la noticiaENTREVISTA | Pablo Herreros

  • Pablo Herreros busca soluciones a la crisis en los orígenes del ser humano
  • ‘Lo que preocupa a las empresas lleva con nosotros millones de años’
  • ‘El portazo del jefe es como la clásica demostración de fuerza del chimpancé’
  • ‘Hay primates que se preocupan más por el grupo que algunos que conocemos’

Rodrigo Terrasa | Valencia

Actualizado martes 23/10/2012 16:38 horas

Si alguna vez ha llamado gorila a su jefe, tranquilo, no hay peligro de ERE. Está usted hablando en términos rigurosamente científicos. “Los directivos de empresas se comportan como lo hacen los chimpancés”. Lo dice Pablo Herreros, sociólogo, antropólogo, primatólogo, experto en psicología de las organizaciones y director científico del programa de Inteligencia Emocional para la Fundación Eduard Punset.

Herreros ha estado en Valencia participando en la sexta jornada TMT (Talento & Management Tendencias), un programa de charlas en las que se invita a la reflexión sobre lo que hace que una organización sea excelente: aprender y emprender.

El plan que ha traído Herreros es tan sencillo como volver a los orígenes del ser humano para encontrar las soluciones a la crisis. En los primates está la clave de casi todo. “Esa es mi propuesta, la mayor parte de los asuntos que preocupan a las corporaciones de esta era no son nuevos para la evolución humana, llevan con nosotros millones de años. Temas como el liderazgo, la resolución de conflictos o la motivación son conceptos de moda en todos los departamentos de recursos humanos de las empresas españolas. Se trata de recuperar muchas de las funciones originales que cumplían esos comportamientos y ponerlas en práctica”, explica.

Para cada concepto, Herreros encuentra un ejemplo con monos, macacos o chimpancés como protagonistas. “Los primates nos ofrecen muchas pistas sobre el origen de algunos de los comportamientos que son básicos en las organizaciones del siglo XXI: cooperación, trabajo en equipo, liderazgo, innovación… Los chimpancés nos han permitido conocer qué derechos y deberes tiene un líder, es el responsable de la toma de decisiones, resuelve conflictos, lleva a los recursos disponibles y reparte entre el grupo para asegurarse de que el resto le apoyarán en su empresa, en su acción”.

El problema, según el primatólogo, es que los humanos nos hemos distanciado de esos comportamientos básicos. Hemos dejado de “cuidar” las relaciones. “Nos hemos olvidado de que asuntos clave en las empresas como la cooperación o el trabajo en equipo emergen de una buena relación. No se puede pedir cooperación, primero hay que cuidar las relaciones y de ahí surge la cooperación y el liderazgo, cuando el grupo permite a uno que tome las decisiones por el resto”.

Leer más en: ‘Los directivos de empresa se comportan como chimpancés’ | Valencia | elmundo.es.